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IBStage 2015 Barcelona, por dentro y como nadie lo cuenta!

14 septiembre, 2015
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Carolina de Pedro Pascual

Nombre: Carolina de Pedro Pascual
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Editora de Danza Ballet® Web y Danza Ballet®Revista de Colección.
Profesora Danza Ballet® Vagánova y Body Ballet®.
Estudio Ballet Barcelona® www.ballet.barcelona

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En el mes de agosto, en el Conservatorio Superior de Danza (CSD) Institut del Teatre se realizó la edición 2015 de IBStage, un curso para la formación de futuros bailarines llegados de todo el mundo, el cual tuvo como docentes a renombrados maestros y bailarines del ámbito internacional. Dicho curso fue creado por Leo Sorribes y Elías García, y como codirectora artística del mismo, se desempeñó la bailarina Xiomara Reyes, otra gran figura de la danza.

La clausura del evento se celebró con dos galas en el Gran Teatre del Liceu protagonizadas ambas, por los alumnos del mismo y varias estrellas internacionales como Julie Kent, Daniil Simkin y Xiomara Reyes del ABT, Eugeni Obratzova y Denis Rodki del Bolshoi Theatre, Xander Parish, Oksana Skorik y Timur Askerov del Mariinsky Theatre, Thiago Soares, Marianela Núñez y Lauren Cuthbertson del Royal Ballet, la joven bailarina Ayane Ikeda quien fuera ganadora de la edición 2014 de IBStage, y partenaire de Daniil Simkin en la pas de deux de El Corsario.

Una actividad con las característica del IBStage necesita de una logística importante, eficiente y responsable; y buena parte de ella recae en la elección del voluntariado.

Servir de voluntario es una opción ética, personal, gratuita, que no espera retribución ni recompensa y que se hace por interés, mucho interés, además de satisfacción como otra de las muchas motivaciones personales que tiene.

Nany Diez fue voluntaria de la edición IBStage 2015. Alumna de mi estudio de ballet, gran profesional en artes visuales, persona elegante y generosa, que por ello aceptó la propuesta de compartir con Danza Ballet® lo que para ella fue, según sus palabras “una experiencia única”.

Compartimos a continuación nuestra conversación donde nos cuenta sobre su experiencia como voluntaria de la edición de IBStage 2015, Barcelona.

¿Cómo nació la idea de ofrecerte como voluntaria del Ibstage 2015?

Yo conocía el programa de IBStage de años anteriores, y en el 2014 fui a la gala que hicieron en en Auditorio de Sant Cugat tras ver el cartel de bailarines que vendrían. Me pareció una oportunidad única para ver a bailarines de semejante nivel reunidos en un mismo escenario, y a un precio asequible. Me encantó la gala y ver a los estudiantes lucirse, con lo que empecé a seguir a IBStage en Facebook.

Hace unos meses salió un anuncio en Facebook de IBStage donde pedían voluntarios para el curso 2015, y anunciaban el cartel tentativo de bailarines que vendrían en esta ocasión. Yo de momento regresaba de trabajar en Madrid con lo que no tenía ninguna responsabilidad laboral, y tras leer los nombres de Daniil Simkin y Denis Rodkin en el programa, tuve el fuerte impulso de enviar mi solicitud. Soy una apasionada del ballet y me dedico a la producción audiovisual, así que lo vi como una oportunidad fantástica para juntar mis intereses y obtener más experiencia.

La aplicación consistía en rellenar un formulario donde pedían datos personales, disponibilidad horaria, conocimientos de idiomas y conocimientos de danza. Ponían que no era imprescindible ser bailarín pero sí tener nociones de danza o al menos gusto por ella. Una semana después recibí un correo indicando que había aplicado mucha gente, por lo que tendría que hacerse un casting entre los aplicantes. Me citaron un viernes por la tarde, y estábamos  otras dos chicas y yo. Nos entrevistaron en grupo Virginia Suqué (Volunteer Chief Manager), Leo Sorribes (Fundador y Director General) y Gina Nunura (Student Coordinator). Las preguntas se  enfocaban mucho en nuestros conocimientos de danza, idiomas, habilidades, conocimientos y manejos de las redes sociales, etc. A cada una de las chicas que fuimos nos hicieron preguntas más específicas; por ejemplo a mi me preguntaron sobre mis conocimientos de audio, de fotografía y video, mientras que con otra chica  profundizaron más en sus conocimientos de japonés. Nos hicieron mucho hincapié en que habrían momentos de mucha presión, pero que sería una experiencia muy gratificante poder conocer a bailarines y entrar a ver clases de profesores renombrados.

También nos comentaron que como es un voluntariado, no se pagaba nada, pero que nos darían una entrada a la gala. La entrevista duró una hora aproximadamente. Una semana más tarde, me escribieron que me habían aceptado como voluntaria de IBStage 2015 y me citaron ese mismo sábado en el Institut del Teatre que es donde se llevaría a cabo el curso.

¿Cuántas y cuáles eran tus tareas dentro del curso?

Pues fue bastante variado y un poco día a día. El sábado que nos citaron, dimos el tour por todo el Institut del Teatre y nos explicaron que estudiantes de todo el mundo llegaban el domingo.

Éramos unos 10 voluntarios con distintas disponibilidades, con lo que nos repartimos la agenda de recogidas en el aeropuerto y recepciones en hoteles durante todo el domingo. El lunes 10 de agosto por la mañana tuvimos que recoger a alumnos que se alojaban en hoteles concertados con IBStage y les enseñamos cómo comprar su ticket del metro y cómo llegar al Institut. Una vez ahí, tuvimos que  coordinar todo el proceso de registro, darle a cada estudiante su identificación y el nivel al que se le había asignado, explicarles dónde estaban los vestuarios según nivel, las aulas, etc. A las 11:00 se hizo una charla general para dar la bienvenida, y las clases comenzaron.

Durante los siguientes días, nos repartíamos las tareas entre estar en merchandising, hacer un chequeo de que las clases comenzaran en la sala adecuada, con el profesor adecuado, y el pianista correspondiente, etc. Por la mañana cogíamos un walkie talkie y estábamos atentas por si se necesitaba algo.

Yo concretamente me involucré mucho porque mi horario era de martes a sábado todo el día, y aceptaba todas las tareas y responsabilidades que me quisieran dar. Las personas que nos quedábamos el día completo se nos pagaba la comida.

Mis tareas concretas eran llegar por la mañana, pillar un walkie talkie y una copia del horario, hacer el chequeo de clases y estar en las clases de Xiomara Reyes para ponerle la música. Nadie nos dio una lista con las piezas musicales de El Corsario que bailaría cada nivel, con lo que tenía que prestar atención e irme anotando todo en una libreta: el nombre y número de pista, minutos, tiempos de parada, etc. Conforme fue avanzando más el curso, más me asignaban a poner música. Era un poco estresante porque los profesores iban agregando variaciones y no nos comunicaban nada, entonces al llegar a clase ellos esperaban que nosotros tuviésemos control de todo, pero a veces no tenía ni idea de qué pista iban a ensayar. Pero bueno, al final me hice una chuleta en la libreta a base de poner música en distintas clases, y más o menos fui tirando. La chuleta vino bien también para otras compañeras voluntarias cuando les tocaba poner la música.

Otras tareas menos frecuentes en mi caso porque siempre iba de arriba a abajo, eran salir a comprar agua para los profesores o a hacer otros recados. También entre clase y clase, si no estaba poniendo música, revisaba que todo estuviese en orden, y si había algún cambio de horarios o de salas, informar a los estudiantes y llevarlos a sus salas correspondientes.

Los últimos días antes de la gala los ensayos eran en el Liceu.

También teníamos que coordinar la llegada y registro de bailarines, subirlos a sus camerinos, enseñarles a llegar al escenario, pegar carteles sobre cómo llegar a los ascensores, cómo salir del recinto, los horarios….

¿Qué te pareció la calidad de la enseñanza durante el curso en el Institut del Teatre?

Fantástica. Fue un curso que más que enfocarse en mejorar la técnica de cada bailarín, se enfocaba en la gala y en montar una suite bastante larga como la de El Corsario, con sus distintas variaciones y carga interpretativa. El curso tuvo un enfoque más profesional, simulando lo que viene en la vida dentro de una compañía de danza: más de 8 horas bailando cada día, aprenderse distintas variaciones simultáneamente y en tiempo récord, bailar dentro de un grupo y que todos los bailarines se muevan como uno sólo… Para mi y por lo que pude observar, fue como un intensivo de danza equiparable a unas prácticas profesionales.

Habían profesores de altísimo nivel, aparte de Elías García (Director Artístico), Xiomara Reyes (Directora Artística y bailarina principal recién retirada del ABT) y su marido Rinat Imaev (Director Artístico) con un intachable currículo que incluye, entre otros, Kirov Ballet, Ballet de Bulgaria, Ballet de Flandes, ABT y jurado en el Youth America Grand Prix y Prix de Lausanne.

Me gustaría recalcar que con todo y el currículo que tiene, Rinat es todo un caballero, con muchísimos conocimientos que enseña de manera muy paciente y amable, siempre agradeciendo y prestando atención a cada uno de los alumnos, sobre todo en clases de pas de deux. Xiomara también fue tremendamente paciente y dulce conmigo, muy humilde.

IBStage 2015 contó con un profesorado bastante variado, con profesionales con distintas bases y estilos, pero todos con una carrera espectacular. Resultó de lo más interesante escuchar cómo cada uno explicaba a los alumnos sus experiencias personales ante diferentes situaciones, la mecánica del cuerpo ante distintos movimientos, trucos sobre el flujo de energía en el cuerpo, bases interpretativas… Fue todo un regalo para mi, ya que aunque yo no estaba tomando clases, estoy segura que todo lo que escuché me servirá para cuando vuelva a bailar ballet.

Por ejemplo, tuve el placer de escuchar y ver varias veces a la estupendísima Larisa Lezhnina (bailarina principal en el Mariinsky y el Het Nationale Ballet), quien con un marcadísimo sello ruso, tenía una de las clases más exigentes y se enfocaba mucho en la parte alta del torso, port de bras y cabezas. Su clase intimidaba pero si yo fuese una alumna(o), me sentiría privilegiada. También daba clases su marido Guillaume Graffin (Het Nationale Ballet).

Estuve también en un montón de clases de Carlos López, quien bailó en España con Tamara Rojo y fue solista en el ABT. Él se encargaba principalmente de las variaciones de chicos de El Corsario, variaciones que se las sabía con los ojos cerrados. Carlos es bastante divertido pero a la vez serio con sus alumnos,y se enfocaba mucho en que cada paso que hiciesen, tuviese sentido tanto en movimiento como en la interpretación.

Hubieron varios profesores del Centro de Danza de Catalunya, como Vincent Gross, y otros profesores extranjeros como Samira Saidi (Directora Artística del English National Ballet), Karemia Moreno (Ballet Nacional de Cuba), Piotr Nardelli (Bejart Ballet Lausanne), etc. Las clases que yo personalmente disfrutaba mucho y me daban unas ganas locas de ponerme a bailar eran las de contemporáneo, impartidas por Keith Morino (Director Artístico del Institut del Teatre), Jordi Ros (Ramón Ollé Company) y la extraordinaria Yumiko Takeshima (bailarina principal de Semperoper Dresden), quien expresaba y vivía las coreografías de una manera muy profunda y particular; sus clases me cautivaron especialmente. Más tarde se unió a las clases de contemporáneo Pompea Santoro (Directora Artística de EKO Dance), quien también montó la coreografía de El Lago de los Cisnes de Mats Ek para la gala, una de mis favoritas de toda la presentación.

El curso fue tan completo que también se impartían clases de Pilates y condicionamiento físico, impartidas por Mireia Pujol (fisioterapeuta y ex- bailarina) y Lolita Vilalta (fisioterapeuta y Directora Artística de la Escuela de Ballet de Sitges). Ambas siempre estaban pendientes del riguroso programa que seguían los bailarines y de qué necesitaban sus cuerpos para poder asumirlo, al igual que eran el punto de referencia ante cualquier lesión.

¿Y el nivel de estudios general de los alumnos inscriptos?

Muy alto. Habían estudiantes de todas partes y de todas las edades, si no mal recuerdo, la edad máxima eran 22 años. La alumna más joven tenía 13 añitos y tenía un dominio de las puntas que yo a esa edad no tenía. Habían estudiantes que volvían de años anteriores, otros que ya tenían becas para entrar en compañías después del verano, y alumnos más jóvenes que hacían su primer intensivo profesional. Los estudiantes podían escoger entre 1, 2 y 3 semanas de intensivo, que era el programa completo y para el que se tenía que presentar a una audición. Solamente los alumnos que participaron las 3 semanas se presentaban en la gala.

Fue maravilloso ver distintos tipos de cuerpos y estilos en un mismo curso. La danza clásica y contemporánea cada vez admite otras formas físicas aparte de los típicos bailarines muy delgados, de extensiones imposibles y pies perfectos. Vi a bailarinas altas, bajitas, muy delgadas, más atléticas, con más pecho de lo habitual, con piernas más fuertes de lo normal. Y a bailarines híper altos o más bien tirando a bajitos. De todos, incluso de los que no participaron en la gala, se les sacó partido de su físico y de sus habilidades. Incluso me supo mal no ver a algunos estudiantes en la tercera semana, ya que algunos eran perfectamente válidos y espectaculares.

Vi a bailarinas que quizás en clásico eran tirando a normales, pero luego las veía en contemporáneo y se movían increíble. Vi a chicas muy bajitas hacer Grand jetés altísimos, y a bailarines altos girar y saltar con muchísima fluidez. Al final, cada quien tiene sus posibilidades y tienen que ser lo suficientemente inteligentes para saber con qué cuentan y cómo pueden usarlo a su favor.

En gran parte, este curso les dio esa enseñanza: bailar inteligentemente y tener la madurez mental para conocerse a uno mismo y ser su propio maestro.

Creo que es esa madurez mental y ese autoconocimiento lo que define quién será un bailarín profesional y quien no. Hubieron casos en los que yo me percaté de que habían estudiantes que les faltaba confianza en sí mismos, o que estaban más enfocados en ejecutar los pasos que en bailar. Un caso claro para mi, fue en la segunda semana, el último día. Los bailarines estaban reventados puesto que el programa fue muy intenso, y algunos, de los niveles más altos, se salieron del Institut para saltarse la última clase del día. Yo intenté traerlos a clase pero algunos me ignoraron y se fueron, lo que me pareció una falta de respeto del bailarín hacia el profesor, por mucho que hayan pagado el curso. De nada sirve tener el mejor talento si no se tiene respeto por lo que se hace, ni la disciplina para hacerlo. Luego observé a los pocos bailarines que sí se quedaron, y pensé: ¡ole! Eso es lo que va a marcar la diferencia en el futuro.

Pero en general, estamos hablando de adolescentes, y la mayoría mostraron muchísima entrega, disciplina y rigor por lo que hacían. Aunque en la danza es complicado porque hay que cumplir con unas ciertas condiciones físicas, está claro que hace más el que quiere que el que puede, y en este curso, fue tal cual como en una compañía: si no puedes girar como el resto, no apareces en la variación. Es crudo, pero es así como funciona en la vida real, y es ahí donde los estudiantes tenían que demostrar su valía y su disciplina para mejorar en tiempo récord.

Sé que te apasiona el ballet y es parte de tu vida. ¿Quieres contar al público tu experiencia dentro de la danza clásica?

No me gusta el ballet…. Me apasiona!

Vivo, respiro y sueño con el ballet desde que era muy pequeña, creo que es el arte más perfecto, hermoso, difícil y sacrificado que existe. Yo hubiese dado lo que fuera por haber nacido con el cuerpo adecuado, pero midiendo 1.80 cm y siendo de complexión no delgada, desde pequeña me dijeron que me olvidara. También he tenido problemas de salud que impiden que mi en dehor sea el correcto o que mi cuerpo respondiese bien siempre a las clases. Pero me es igual, jamás me he desvinculado de la danza.

Soy de México y de pequeña empecé con una profesora cubana, para más tarde unirme al método de la Royal Academy of Dance. A los 15 años me mudé a Holanda, donde fui a varias academias, pero ninguna me convencía porque las veía poco exigentes. A los 17, me mudé a Ourense (Galicia), donde estudié ballet y danza española en una academia donde me fue muy bien, pero el método era muy distinto a lo que yo conocía y las chicas iban más avanzadas en piruetas y puntas que yo. Yo estaba acostumbrada a hacer pequeños pasos pero técnicamente lo más perfectos posibles. Veía que en estas academias saltaban, giraban, etc, pero, en un tendú, el pié no empujaba el suelo tan fuerte como debería, o en un retiré passé, me habían enseñado a despegar el pie del suelo por media punta y rozar siempre la pierna contraria… Eso no lo veía.

Volví a México a mi antigua academia con 18 años y empecé impartir clases a las chicas más pequeñas. ¡Me encanta enseñar! Y ojalá algún día tenga las suficientes bases técnicas para hacerlo.

Después, a los 20 me mudé a Barcelona y me dio una trombosis venosa profunda en la pierna derecha, y hasta los 27, no retomé las clases de ballet con Carolina de Pedro Pascual. Con 29 años tuve que parar otra vez por problemas de salud, pero ya estoy bien y espero pronto volver.

Llega el día de las galas en el Liceu. ¿Cuáles y cómo eran los preparativos?

Durante la última semana del curso, empezamos a ir unos cuantos voluntarios cada día para hacer un tour por el Liceu y conocer las instalaciones antes de que tuviésemos que llevar a los estudiantes bailarines el jueves 27 de Agosto.

Moverse por “las bambalinas” del Liceu tiene cierto grado de complicación, con lo que planeamos cómo sería el recibimiento y la entrega de acreditaciones a los bailarines para que pudiesen entrar cada día. También planificamos los carteles informativos que pegaríamos para que nadie se perdiera dentro; estos carteles incluían los camerinos de chicos, de chicas, de bailarines principales, dónde estaba producción, cómo llegar al escenario, dónde estaban las salas de ensayo, los horarios de cada día, cómo salir del recinto, etc. El miércoles se pegaron los carteles, y el jueves estábamos los voluntarios en las puertas del Liceu a las 8:00 am.

A las bailarinas se les citó a las 8:30, y a los bailarines una hora más tarde. Cuando llegaron todas, ayudamos a Gina Nunura a repartir las acreditaciones personales y llevamos a las bailarinas en grupos pequeños hasta sus camerinos. Una vez ahí, les explicamos toda la información básica y les pedimos que esperaran ahí hasta nuevo aviso. Cuando llegaron los profesores y los bailarines, hicimos lo mismo con ellos y comenzaron las clases y los ensayos en el escenario.

Las tareas eran variadas y a un ritmo frenético, ya que habían cosas planeadas, pero como es de esperar, hubieron imprevistos. Había que poner la música en las clases, en los ensayos y en el escenario, coordinar la entrega de los vestuarios, atender a los bailarines principales, coordinar la rueda de prensa y estar al pendiente de las necesidades de los estudiantes. Los profesores por su parte tampoco pararon. Con un tiempo muy limitado, trabajaron muy duro en el escenario con los bailarines para terminar de afinar la puesta en escena, y estuvieron en constante contacto con la producción y realización del Liceu para coordinar las luces, los gráficos, la música, las entradas y salidas por las cajas del escenario, etc. Creo que de los tres días que estuvimos en el Liceu, el jueves fue el día más movido y el viernes el día con más presión; los voluntarios que éramos no dábamos a basto con todo lo que había que hacer, y hubieron momentos de incrementada tensión. Igualmente, todos somos adultos y nadie nos tomamos alguna llamada de atención o corrección a nivel personal, simplemente todos queríamos que las galas salieran lo mejor posible.

Por ejemplo, las bailarinas tenían dos uniformes, uno negro para la Polonaise y otro blanco para El Corsario. No hubo previo aviso de que tenían que llevar los uniformes el jueves, y resultó que por la tarde había un ensayo general con vestuario para grabar. Nosotros los voluntarios sólo comunicamos el mensaje de que tenían que estar listas con el uniforme blanco a cierta hora en el escenario, y para muchas bailarinas fue un drama ya que sus uniformes estaban o en el hotel o en sus casas, y no había manera de que pudiesen ir por ellos. Al final, en producción se compraron maillots y tela y se les proporcionó a las bailarinas que no tenían al uniforme una solución improvisada. Otros imprevistos: una estudiante perdió su bolsa con el uniforme, zapatillas, maquillaje, etc; los bailarines principales querían ensayar en la sala pero necesitaban a alguien que les pusiera la música con CDs específicos que no encontrábamos… ¡Fue un poco una locura! Y estábamos todos agotadísimos, pero al final todo lo pudimos resolver y eso fue bastante satisfactorio.

Por mi parte, estuve con Virgina Suqué revisando las invitaciones de ambos días, una por una. Así, evitamos imprevistos de última hora con los invitados y la verdad es que esa parte salió bastante más fluida de lo esperado.

Los voluntarios estuvimos ahí todo el jueves. El viernes, que era la primera gala, también estuvimos ahí todo el día y nos cambiamos en los vestuarios de las bailarinas. Tras la primera gala, el sábado fue un día más tranquilo y más emocionante puesto que era la última presentación. Los bailarines trabajaron en corregir lo que no había salido tan bien en la noche anterior, pero en general, las cosas ya funcionaban casi solas. El sábado también pasamos el día en el Liceu y  nos cambiamos ahí. Virginia Suqué, mi compañera Raquel y yo estuvimos ambas noches en las mesas de invitaciones y vendiendo programas, mientras que otras compañeras estuvieron vendiendo merchandising.

Cuando terminó la gala, hubo un cocktail en el Liceu para los bailarines, estudiantes y maestros, pero no me tocó coordinar la lista de invitados. Finalmente, fui al escenario para despedirme de algunos estudiantes, a celebrar un poco con ellos, y a despedirme de los profesores y compañeros voluntarios. Era el momento de celebración de los bailarines y fue muy bonito. Podía verlos a todos echándose fotos con los bailarines principales y colgándolas en sus redes sociales, abrazándose y festejando las 3 semanas tan intensas, todo lo que aprendieron y la vivencia profesional de haber bailado en un lugar como el Liceu con bailarines famosos a nivel mundial.

Háblanos Nany por favor de las estrellas que vinieron para la gala. ¿Cómo eran y cuál fue tu trato con ellos?

Los bailarines principales llegaban en distintas fechas a Barcelona, con lo que nos teníamos que turnar para irlos a recoger y/o recibir en el aeropuerto.

A mi me tocó recibir a Julie Kent en su hotel y asegurarme de que todo estuviese correcto en el check-in. Estaba un pelín nerviosa cuando la estaba esperando, ya que llevo viendo vídeos y fotos suyas desde hace muchos años, y sé que es una leyenda en el ABT. Llegó cansadísima pero fue de lo más amable, dulce y humilde, con mucho estilo y elegancia. Quedé de volver por ella después de unas horas para que comiera en el Institut del Teatre y se reuniera con Xiomara, Reinat, Leo Sorribes… Volví por ella y fuimos al Institut caminando ya que su hotel estaba muy cerca. En el camino, hablamos sobre su retirada de los escenarios este año, sobre la pieza que iba a bailar, el futuro y la actualidad del ballet, y también me hizo preguntas. Le encantó el hecho de que fuese voluntaria y me preguntó sobre mi conexión con el ballet. Para mi, fue como hablar con un famoso pero de la manera más natural, y me pareció increíble.

Recuerdo que llegamos al Institut y habían estudiantes descansando fuera. Cuando me vieron entrar con Julie, empezaron a poner caras de emoción y a darse codazos, como adolescentes que ven de cerca a una estrella de rock… Bueno, ¡al final no deja de ser eso! Para ellos, sus estrellas del ballet estaban llegando y no podían creer que iban a compartir escenario con ellas.

A otros voluntarios les tocó repetir esta misma experiencia con otros bailarines. Recuerdo que en la tarde estaba yo sentada en las butacas del teatro del Institut viendo un ensayo, y de repente entró Xander Parish…¡no le podía quitar los ojos de encima! Tan alto, con tanta presencia y porte, y tan cerca… Al final la adolescente era yo a mis 30 años. También pegué un pequeño grito de emoción cuando vi a la fabulosa Oksana Skorik llegar en taxi al Liceu mientras yo salía a comer, y cuando por fin pude ver a Denis Rodkin y a Daniil Simkin en los ensayos generales, casi me da un vuelco el corazón; ¡tengo un enamoramiento dancístico con ellos dos!

A Evgenia Obratzova la pude ver en sus ensayos generales con Denis, y crucé muy pocas palabras con ella. También la vi en los ensayos generales bajo la supervisión de Larisa Lezhnina y Reinat Imaev. Hablaban obviamente en ruso, pero por lo que pude notar, a ella se le veía lo exigente que era con el baile y con ella misma, con mucha autoridad. Creo que sabe perfecto que es una de las mejores bailarinas que hay en estos momentos. En la sala de ensayos, Julie Kent y Lauren Cuthbertson hablaban de anécdotas varias mientras se estiraban y calentaban los pies con la música del cisne blanco de fondo.

Y hablando de ensayos, me llamó muchísimo la atención que no todo sale perfecto cuando las estrellas ensayan: también se caen, los giros no siempre salen, el partenaire no siempre levanta bien a la bailarina, las puntas duelen… Puede sonar ridículo que me asombre por esto, pero tienen semejante nivel, todos, que para mi era impensable que a estas alturas les sucediera eso; pero sí, son de carne y hueso y los ensayos para eso están.

También me llamó la atención lo bien que conocen sus cuerpos y sus metabolismos. Por ejemplo, vi a Daniil hacer su ensayo general el mismo viernes y lo pude observar escuchando y sintiendo la música, moviendo la cabeza y manos a ritmo, paseándose por el escenario marcando la posición donde debía estar, pero sin marcar exageradamente ningún salto ni ningún otro paso. Sin embargo, llegaba el momento de los giros y los ejecutaba como si estuviese bailando en el Metropolitan. Creo que lo que estaba haciendo era ahorrar energía en ciertos momentos y soltarla para cuando lo necesitara, es decir, bailar de manera inteligente. Para mí fue alucinante y aprendí mucho de la mera observación. Por otro lado, vi a Oksana ensayar y lo daba todo, de principio a fin. Cada bailarín es muy diferente entre sí y aunque no vi a todas las estrellas ensayar, lo que vi, fue todo un privilegio.

¿Qué estilo de bailarina te gusta?

Esta es una pregunta muy difícil, puesto que me gustan bailarinas muy distintas entre sí (física y técnicamente) y por distintas razones y roles. Creo que hay cisnes mejores que otros; bailarinas que nacieron para ser Giselle y otras que nacieron para ser Kitri;  mientras que otras encajan perfecto en el dinamismo y fisicalidad de Balanchine. Últimamente disfruto más ver bailar a hombres que a mujeres; siento que está habiendo un cambio de enfoque de atención hacia ellos, ya que el público general siempre ve a la figura de la bailarina, pero ahora el bailarín está cobrando mucho protagonismo.

Volviendo a la pregunta, crecí viendo vídeos que me ponía mi padre de Margot Fonteyn y Maya Plisetskaya, al igual que del Bolshoi, del Royal Ballet y del Kirov. Pero conforme fui creciendo, me fui aficionando al Ballet de la Ópera de París y a sus ètoiles, como Noella Pontois, quien me parece sublime, y más tarde no le pude quitar el ojo a la versatilidad de Aurelie Dupont, o a la elegancia de Isabelle Ciaravola (quien tuve el placer de ver en la gala de IBStage 2014), a Àgnes Letestu, a Sylvie Guillem, a Alessandra Ferri… La técnica francesa me resulta de lo más cautivadora, al igual que sus exquisitos bailarines, quienes les imprimen su personalidad a los roles y se sabe que se está viendo a una bailarina en concreto, no una repetición de un papel, como a veces sucede.

Pero la verdad, me gustan bailarinas de todo tipo de distintas décadas y tan diferentes entre sí, como María Kochetkova, Diana Vishneva, Polina Semionova, Tamara Rojo y Lucía Lacarra; Darcey Bussell, Ulyana Lopatkina, Alina Cujucaru, Marianela Núñez y Elisa Carrillo Cabrera; Suzanne Farrell, Misty Copeland y Carla Korbes… Nada tienen que ver, pero me gustan todas, ¡ y las que me faltan nombrar!. ¿Mencioné que era una pregunta muy difícil? Me podría pasar horas hablando del tema.

Me gustan las bailarinas que bailan, que usan lo que tienen físicamente para sacarle partido a la coreografía y al rol, las bailarinas que me tocan la fibra. Por ejemplo, y aquí voy a provocar controversia, Svetlana Zakharova puede ser la bailarina con las cualidades físicas y la técnica más perfecta que pudo haber existido, pero no me gusta, no me transmite nada.

¿Repetirías la experiencia?

Desde luego. Es más, me encantaría que fuese mi trabajo. Como mencioné anteriormente, me encanta la producción audiovisual, y si es con ballet, mejor que mejor. Es un ritmo frenético pero lo viví intensamente, y poder bucear tan profundo en una de mis pasiones, no tiene precio.

Ahora bien, fue un voluntariado, con lo que, como es implícito en la palabra, no se recibía nada a cambio aparte de ver las galas y las comidas solo si se estaba trabajando todo el día. Siento que a veces los profesores y demás se olvidaban de que hacíamos las cosas literalmente por amor al arte, y que en cualquier momento podríamos haber tirado la toalla, no presentarnos, o no tomárnoslo en serio puesto que no teníamos un contrato con nadie. También siento que, el trabajo fue tal, que quizás  tendría que haber existido alguna compensación más, como el transporte, o invitarnos al cocktail… Pero bueno, no son quejas, solo observaciones,  ya que cuando se acepta ser voluntario, es de forma altruista y sin esperar nada a cambio. Yo en este caso, me quedo con todo lo positivo, que fue mucho, y me encantaría repetir la experiencia sin lugar a dudas.

editora  IBStage 2015 Barcelona, por dentro y como nadie lo cuenta!
Bailarina Paulina Waski. Photos by Svetlana Avvakum at Ibstage, 2015.

Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

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