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Ramona De Saá, la Maestra del ballet en Cuba



17 octubre, 2007
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Destacada maitre de Ballet, una de las figuras más notables de la Pedagogía de la Danza en el mundo contemporáneo, reconocida internacionalmente y forjadora del actual sistema de enseñanza de la Danza en Cuba.



Su labor ha sido decisiva en el desarrollo del sistema de enseñanza del ballet en el país. Su cabal comprensión de las ideas de Alicia y Fernando Alonso y su capacidad para llevar a la práctica estos principios constituyen lo más notable de su labor.

Ramona De Saá Bello nació en La Habana en el año 1941.



Destacada maitre de Ballet, una de las figuras más notables de la Pedagogía de la Danza en el mundo contemporáneo, reconocida internacionalmente y forjadora del actual sistema de enseñanza de la Danza en la en Cuba. Directora y Profesora de la Escuela Nacional de Ballet, Profesora Adjunta del Instituto Superior de Arte y Metodóloga del Centro Nacional de Escuelas de Arte. Discípula de Alicia Alonso, realizó sus estudios en la “Academia Alicia Alonso”, donde también recibió clases de los maestros Maga González, Mary Skeping, Ana Ivanova, A. Fedorova y José Parés.



En 1954 formó parte de la primera gira internacional del Ballet Alicia Alonso en un recorrido artístico por las más importantes plazas danzarias de América Latina. En 1957 y 1958 bailó exitosamente en las temporadas del Teatro Griego de California, bajo la dirección de Alicia Alonso.

Bailarina fundadora del Ballet Nacional de Cuba (1959) se convirtió en una de sus principales figuras jóvenes junto a Loipa Araujo, Mirta Plá, Josefina Méndez, Aurora Bosch y Margarita de Sáa y alcanzó la categoría de solista e interpretó los principales papeles de las obras del repertorio balletístico internacional. Una lesión, entonces incurable, la fue alejando paulatinamente de las tablas hasta su retiro como bailarina activa en 1966, tras doce años de intenso trabajo interpretativo.




En las filas del Ballet Nacional de Cuba (BNC) tomó clases con maitres de la jerarquía de Fernando Alonso, Alicia Alonso, Víctor Saplin y José Parés, y bailó bajo la conducción de coreógrafos tan reconocidos como Alicia Alonso, Alberto Alonso, José Parés, Ramiro Guerra, Mary Speking, Ana Ivanova y Charles Dixon. Con el B.N.C. se presentó en importantes escenarios de Alemania, Argentina, Brasil, Bulgaria, R.P.D. de Corea, Checoslovaquia, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Hungría, México, Perú, Polonia, Unión Soviética, Uruguay y Venezuela. Fundadora, bajo la dirección de Fernando Alonso, de la Escuela de Ballet, de la Escuela Nacional de Arte (1962), asumió en 1965 la dirección de esta institución donde habrían de formarse las nuevas promociones de bailarines cubanos. Once años más tarde (1976), al crearse el Ministerio de Cultura, fue promovida a Metodóloga Nacional de la Dirección de Enseñanza Artística (actual Centro Nacional de Escuelas de Arte, CNEART). En medio de su intensa labor, nunca ha dejado de impartir clases en la Escuela Nacional de Ballet.



Ha sido maestra de una buena parte de las principales figuras del Ballet Nacional de Cuba, entre otros, los primeros bailarines Amparo Brito, Rosario Suárez, Tihui Gutiérrez (México), Lorna Feijó, Alihaydé Carreño, así como Lázaro Carreño y Carlos Junior Acosta. Su labor ha sido decisiva en el desarrollo del sistema de enseñanza del ballet en el país. Su cabal comprensión de las ideas de Alicia y Fernando Alonso y su capacidad para llevar a la práctica estos principios constituyen lo más notable de su labor.



Durante décadas ha impartido seminarios, cursos, talleres y clases especiales para los profesores que constituyen el sistema, quienes en su inmensa mayoría son sus discípulos.



Fue promotora y fundadora de la Carrera de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte, dirigió la labor de la elaboración de los primeros planes y programas de estudio del perfil de Ballet y fue su primera profesora de Metodología de la Enseñanza del Ballet. Es miembro de la Comisión de Carrera de Arte Danzario y lo ha sido también del Consejo Científico de esta alta casa de estudios.


personalidades  Ramona De Saá, la Maestra del ballet en Cuba

personalidades  Ramona De Saá, la Maestra del ballet en Cuba

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Ramona de Sáa Bello es una de las más prominentes y multifacéticas figuras del Arte de la Danza en Cuba y su obra fundamenta sólidamente al movimiento creativo y pedagógico de este arte. Foto: James Wasserman



Fue promotora y organizadora de los Festivales de Escuelas de Ballet y Danza que se celebraron durante veinte años en las ciudades de La Habana, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. A partir de 1994 lidereó el trabajo de los Encuentros Internacionales de Academias de Ballet y un año más tarde de los Concursos Internacionales para estudiantes de Ballet que tienen lugar en la Ciudad de La Habana y que constituyen eventos de relevancia internacional.



Su labor artística incluye aspectos tales como el trabajo de repertorista y coreógrafa, desarrollo en el ámbito escolar y en instituciones profesionales como el Ballet Nacional de Cuba y el Teatro Nuovo de Torino. Ha desarrollado una intensa labor internacional como pedagoga y conferencista, impartiendo clases magistrales y cursos para profesores, como jurado de importantes concursos, y muy especialmente en la preparación de jóvenes talentos para su participación en concursos internacionales. Entre los países donde ha ejercido su actividad se encuentran Angola, Argentina, Bulgaria, Bolivia, Brasil, Ecuador, Italia, México, Nicaragua, Perú, la antigua Unión Soviética, España y Venezuela.


En febrero del 2000 fue electa miembro del Comité de Expertos del Premio Mundial de la Danza que auspicia el Principado de Mónaco.



Ha recibido importantes condecoraciones del Estado Cubano y otras instituciones: Diploma al Mérito Pedagógico, del Ministerio de Cultura; Diploma y medalla de Fundadora de la Escuela Nacional de Arte; Distinción Raúl Gómez García (del Sindicato de Trabajadores de la Cultura); Distinción por la Cultura Nacional; Distinción por la Educación Cubana; Medalla Jesús Menéndez; Medalla José Tey y Medalla Alejo Carpentier, ambas otorgadas por el Consejo de Estado. También fue durante seis años consecutivos Vanguardia Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.



Ha recibido importantes reconocimientos y premios internacionales: Premio Vignale Danza (1989), en Italia, que se otorga a notables personalidades de este arte; Diploma de reconocimiento del Ballet Nina Novak, de Caracas, Venezuela (1991); Ciudadana de Honor de la Ciudad de Torino (1992); Premio a la Mejor Maitre del Festival de Jeonville, Brasil y se le otorgó en el 2001 en el Festival Regio Danza celebrado en Calabria, Italia, el premio: Grand Prix como mejor pedagoga internacional en su especialidad. En Cuba ha sido nominada en las tres ediciones para el Premio Nacional de Enseñanza Artística, en la última de ellas obtuvo un reconocimiento especial del Jurado, y para el Premio Nacional de Danza.



En Octubre del 2000, el Instituto Superior de Arte de la República de Cuba le otorgó el Título de Doctora Honoris Causa en Arte. En diciembre del 2002, el CNEART, el Instituto Superior de Arte y el Ministerio de Cultura le otorgaron el Premio Nacional de Enseñanza Artística, premio que reconoce la trayectoria de la maitre en sus 45 años de vínculo con la enseñanza del ballet en Cuba y sus aportes a la Escuela Cubana de Ballet. Actualmente dirige la Escuela Nacional de Ballet.



En Enero del 2004 le fue otorgada la Orden Félix Varela por el Consejo de Estado.



En el 2006, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba le concede el Premio Nacional de Danza.© 2004. "CUBAESCENA". Consejo Nacional de las Artes Escénicas


personalidades  Ramona De Saá, la Maestra del ballet en Cuba
Foto: NADIA INDA

“La experiencia en el aula la he mantenido siempre, asuma la responsabilidad que asuma, porque noto que cada vez que impacto una clase aprendo. En cada una trato de pedirle algo nuevo a mis estudiantes e intento trabajar con sus individualidades para que cada uno ponga de manifiesto las características que forman parte su carácter en el baile” Ramona de Saá


 

Una joya llamada Ramona de Saá – Por José Luis Estrada Betancourt

 
EL salón luce grande. Inmenso. Tanto, que quizá la música de Riccardo Drigo no alcance las altas paredes de color beige. Ningún adorno, excepto un reloj, roba la atención. En el fondo, un gigantesco espejo descubre la imponente barra, la alfombra verde botella que protege el cuidado tabloncillo, y a dos alumnos de ballet junto a su orgullosa profesora Ramona de Saá, quien calza zapatos de tacón alto, pulóver azul y una pantaloneta que, además de combinar perfectamente, le brinda la libertad de movimientos que necesita, porque ella, flamante Premio Nacional de la Danza 2006, va a bailar.

Cheri, como la llaman quienes la quieren (que son muchos), se sienta en una esquina, cerca del equipo reproductor que regalará la conocida melodía de Drigo, utilizada para el pas de deux de El Corsario; una de las coreografía¬s con las que Annie Ruiz y Yonah Acosta, estudiantes de tercer y segundo año de nivel medio de la Escuela Nacional de Ballet (ENB), representarán a Cuba en el IX Concurso Internacional para Estudiantes de Ballet. A una orden suya, la música arranca, y Annie y Yonah comienzan a mostrar por qué los bailarines cubanos son tan aclamados en el mundo.

LA ENTRADA


Los primeros acordes de El Corsario flotan en el aire. Yonah se presenta ante un público imaginario, y unos segundos después Annie se desplaza como una princesa hacia su lado.

¨Los quiero bien hermosos. Vayan dándole más carga al baile. ¡Disfruten al máximo!¨

Ramona con sus piernas entrecruzadas mueve su cabeza al compás de la melodía, mientras con su mano derecha dibuja un perfecto arco como si invitara a danzar; la otra descansa femeninamente sobre su hombro.

¨Brazo por debajo, Yonah. ¡Crece, Annie! Bonita la cara, los ojos abiertos. ¡Talones, talones, talones…! ¡Eso! ¨

«Tenía 11 años y estudiaba en la Escuela pública No. 16, cuando llegó una convocatoria de la Academia Alicia Alonso. La profeso¬ra que estaba a cargo de Educación Artística habló con mi mamá para que nos presentáramos a las audiciones mi hermana Margarita y yo, y así lo hicimos», me cuenta Cheri, sin perder de vista a sus muchachos. «Yo pasé primero, pero cuando le correspondió el turno a mi hermana, Fernando Alonso se sorprendió: '¿Tú otra vez? Ya yo te vi'. Tuve que explicarle que éramos gemelas. No niego que teníamos condiciones, mas estoy convencida de que eso le llamó mucho la atención. Así entramos a ese maravilloso mundo. Y después que uno forma parte de él, es como si te enfermaras con un virus, para el cual no existe ningún antibiótico.

«Contábamos con 14 años cuando hicimos nuestra primera gira artística. Viajamos a Suda¬mérica: Argentina, Brasil, Chile… Fue una experiencia inolvidable. El Ballet Alicia Alonso en¬ton¬ces estaba integrado por 35 bailarines. Como éramos muy jovencitas nos convertimos en las mascotas del grupo, en las hijas de Alicia y Fernando, quienes no solo nos enseñaron a bailar, sino que nos formaron para la vida. Es más, primero consultábamos cualquier cosa con ellos, que con nuestros padres. Vivíamos obsesionados por hacer horas extras, trabajar más, recibir más clases. Era verdaderamente apasionante».

—¿Y empezaron inmediatamente a bailar?


—Nosotros tuvimos una formación muy fuerte. Al inicio veníamos a la Academia tres veces por semana. Luego, a medida que avanzábamos en los niveles, aumentaban las frecuencias, hasta que llegó el momento en que teníamos ocupada toda la semana. Tanto Alicia como Fernando soñaban con crear una compañía netamente cubana. Pero en los inicios, Alicia invitaba bailarines extranjeros.

«Fíjate cómo era, que cada día de la gira se bailaba un ballet diferente: El lago de los cisnes, Giselle, Coppelia, La fille mal gardée… Y el peso caía sobre las espaldas de Alicia. Ese sello, su entrega absoluta en el salón y el escenario, ha sido un ejemplo que nos ha acompañado siempre, y tuvo en noso¬tros una influencia impresionante, algo que trato de inculcar a las nuevas generaciones. Bueno, regresando al principio, aunque empezamos a bailar an¬tes, nos graduamos en el año 1956».

ADAGIO Y VARIACIONES

Annie y Yonah sudan copiosamente. La co¬reografía ha sido pasada más de una vez. Sus cuerpos esbeltos y armoniosos se agitan, pero se ven frescos, seguramente porque apenas han traspasado los 15 años. Quien no tenga el ojo tan entrenado como Ramona, pudiera asegurar que la interpretación se acerca a la perfección. Pero Cheri exige más.

¨Annie, acuérdate del diseño final. Y… châines, châines, châines… punta, punta, punta… No olvides que si no trancas la rodilla y el tobillo no lograrás el equilibrio. Yonah, no te apures, cuida los pirouettes. ¡Muy bien ese salto!¨

personalidades  Ramona De Saá, la Maestra del ballet en Cuba


Profesora y maitre del Ballet Nacional de Cuba, Ramona de Sáa al recibir en el año 2006 el Premio Nacional de Danza en manos del Ministro cubano de Cultura.

—Usted llegó a la categoría de solista, pero su carrera se detuvo en pleno ascenso…

—Sucedió que se me presentó un problema con el menisco de la rodilla mientras hacía una variación de La Bella Durmiente, que es muy compleja. Fernando tuvo que sacarme del escenario, porque no podía dar ni un paso. Hice varios tratamientos y me recuperé. De hecho, estuve siete meses por los países socialistas. Incluso, en China me aplicaron un tratamiento de acupuntura, con el que pude seguir bailando unos años más. Pensé que era mágico porque resistí, y resistí bailando.

«Después me casé, quedé embarazada, aunque seguí danzando hasta casi dar a luz a mi primer bebé. Y eso, al parecer, me resintió. Un día, tratando de abrir la ventanilla de una guagua, me volvió a ocurrir. El doctor que me atendía me aconsejó una operación, pero no quería un tajazo en la rodilla. Entonces, el Maestro empezó a darme tareas en la ENB, y yo me fui involucrando de tal manera, que en 1967 me propuso la dirección».

— ¿Fue muy duro abandonar su sueño?

—No tanto, porque desde el principio se nos inculcó que si bailar era importante, enseñar no lo era menos. Cuando Alicia y Fernando fueron por primera vez a la Unión Soviética, la Academia quedó prácticamente en manos de unas cinco o seis muchachitas. Por aquel tiempo, Batista le quitó el subsidio al ballet, pero Fernando y Alicia planificaban funciones y nos mantenían activas bailando para que el inevitable cambio no nos sorprendiera cruzados de brazos. Y esa fue una decisión muy acertada, porque nos dio la posibilidad de aprender a enseñar, que es una tarea muy compleja.

«Desde un principio adoré enseñar, me vi realizada en los estudiantes que iba graduando. Y no, no fue ningún trauma dejar la escena. Más difícil fue compartir la enseñanza con la crianza de las niñas (tuve dos) y todo lo demás, pues me entregué mañana, tarde y noche a lo que hacía. Prácticamente mis hijas iban conmigo a todos lados. Hoy son muy buenas maestras de ballet. En fin, esta parte de mi vida ha sido tan hermosa e intensa como la otra».

LA CODA

Cuando la entrevisté, Ramona de Saá podía estar disfrutando plácidamente por saberse la figura más importante de la danza en la Isla este año junto a Santiago Alfonso, pero prefirió el ajetreo diario, máxime cuando el plantel que conduce es sede del XIII Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza de Ballet. Pero ella no podría pegar tranquila la cabeza en la almohada, si no logra perfilar ca¬da detalle del baile de sus queridos mu¬cha¬chos.

¨Ese es el ritmo, Yonah, ese es el ataque, no otro. ¡Vamos, Annie, cántalo, con control! ¡Déjame ver la segunda, mueve la cabeza! ¡Sube, sube…! ¡Quinta, relevé! Yonah, esta segunda vez ha estado mejor. ¡Bravo por los dos!¨

— ¿Trece horas diarias en la Escuela no la distancian mucho del hogar, de su familia?


—Cuando se trasladó la ENB para este magnífico edificio, el Comandante en Jefe nos pidió que la dirigiéramos, y no podía negarme, aunque ya no éramos tan jóvenes. Es más, conmigo sucedió algo mágico: yo perdí repentinamente a mi esposo un 1ro. de marzo y los Talleres Vocacionales de Ballet abrieron dos días después… Vine a la inauguración, y al po¬co tiempo me incorporé de lleno a mis tareas, lo cual ha sido una inyección vital, porque fueron 40 años de un matrimonio muy unido, aunque hacíamos actividades muy diferentes —quizá por eso duramos tanto, porque cada encuentro era una luna de miel—. Sin duda, estar con mis muchachos, me ayudó a enfrentar la pérdida. Es verdad que a veces no pudimos estar todo el tiempo que quisimos con la familia, pero no por eso dejé de atender a los míos, de mimarlos, de quererlos. Ahora tengo tres nietos bellísimos, que comienzan a sentir la necesidad de venir a verme aquí. Ya no dicen ven para la casa, sino, abuelita, nos vamos a la Escuela contigo.

—Cuarenta y cuatro años de docencia, lo que quiere decir que por sus manos han pasado casi todos los bailarines de la compañía…


—Eso me enorgullece. Por una parte, porque este, que es un arte de élite en el mundo, aquí es un sueño que se puede palpar; por la otra, porque sé que mis alumnos me han admirado, oído y seguido. ¿Cómo no sentir regocijo cuando compruebo que mis alumnos son artistas de talla internacional y excelentes seres humanos? Es tan hermoso saber que te quieren, que te agradecen… Bueno, ya ves cómo los trato. Ahora tengo un grupo de 12 varones preciosos. Yo me digo: Bueno, cuando los gradúe —son del año de Yonah— me retiraré y los iré a ver, los seguiré. Nadie me lo cree, pero mi meta es llevar hasta el final a esos muchachos, que tienen un futuro brillante, aunque la Escuela toda está llena de un talento increíble.

—Profesora y bailarina, y ha obtenido los premios más significativos que reconocen ambas profesiones en Cuba…

—El día que me otorgaron el Premio Nacional de la Danza, yo estaba en el salón. La noticia me llegó dando clases. La alegría más grande me la dieron mis alumnos y mis compañeros. Fue muy emocionante. Ya antes me habían entregado el Nacional de Enseñanza Artística. Me siento muy feliz, pero también más comprometida. Son premios que dedico a mis alumnos y profesores de ballet de todo el país, que son mi razón de ser. ¿Qué más puedo pedir? El hecho de que me consideren la quinta joya del BNC es como estar en el cielo.

Fuente: www.jrebelde.cu
09 de Abril, 2006
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