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Tomar clases de ballet es una invitación al bienestar

22 agosto, 2013
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La defincición de salud psicológica es “el estado de equilibrio bio-psico-social” y la práctica del ballet es una herramienta esencial que permite a la persona desplegar ese equilibrio.

Es conocido por todas las orientaciones de la psicología que bailar es terapéutico y la danzaterapia como técnica se ha ido desarrollado en el tiempo. Y de todas las danzas el ballet reúne a grado sumo las características que hacen de él esta invitación al bienestar. ¿Y saben por qué? Porque la vida es ballet.

Por Montserrat Masot Oller*

Vivir es ir hacia delante; pararse a mejorar una actitud, un movimiento en ese avance; reflexionar y tomar conciencia de uno mismo; caerse y levantarse; equivocarse y continuar; esforzarse día a día; ser disciplinado con uno mismo; organizarse; disfrutar del camino que se va haciendo; superar obstáculos; conocer las propias limitaciones y seguir avanzando con las adaptaciones que se deban tomar; crecer en autoestima; saber apreciar a los demás; hacerse flexible mientras se gana en fortaleza; fijarse metas y objetivos… Pues todo eso que es el día a día en la vida de todas las personas, precisamente eso es el ballet, y más.

Mediante el ballet se adquiere de manera ordenada, gratificante y correcta una posición de la persona en la vida, equilibrando los aspectos internos de la persona y los externos del ambiente. Es en la sala de ballet, cuando uno toma clases, donde va dándose este proceso de crecimiento personal.

Hay quien ha hecho de la práctica del ballet su profesión, hay quien lo ha practicado por un tiempo y la gran mayoría de personas no lo han experimentado. Los motivos para practicar el ballet pueden radicar en que de pequeño a uno o a una lo llevaron a que tomara clases y eso cubrió quizá una etapa de su vida, toda su vida o un corto espacio de tiempo que no llegó a abarcar ni tan solo una etapa.

Otro motivo pueda ser el gusto por el ballet: es la situación ideal que alguien de pequeño sienta ese deseo de practicarlo y se le lleve a tomar clases; el beneficio que va a obtener va a ser a todos los niveles, emocional e intelectual, porque va a desarrollar un abanico de aptitudes que le van a ayudar en todo el proceso de maduración personal y de aprendizajes académicos. Otro motivo para practicar el ballet es no haberlo practicado o haberlo dejado de practicar hace tiempo. Es en este último motivo en el que precisamente me quiero centrar.

Como psicóloga clínica simpre he tenido bien presente el principio de “mens sana in corpore sano”. Somos un todo mente-cuerpo y eso no se puede obviar.

El concepto “corpore sano” admite matices evidentes: la salud perfecta es algo anhelable pero problemas de salud física existen y de momento existirán; de lo que se trata es de no dejarse vencer por las limitaciones físicas, porque entonces psicológicamente y físicamente vamos a mermar y no vale la pena: la vida nos da la opción de ser felices pese las circunstacias y no es cuestión de desaprovecharla. Ahí es donde entre el otro término: “mens sana”, mente sana. Es un ejemplo de “mens sana in corpore sano” una señora que pese a la artrosis de rodilla se ejercita dentro de sus posibilidades y cuidando su salud y su persona en el ballet: porque tiene muy claro que no va hacer lo que otra señora o señorita llegue a hacer pero se muestra satisfecha de lo que SI puede hacer, tiene una actitud positiva ante las limitaciones y crece física y mentalmente. Es otro claro ejemplo de salud psicológica y conciencia de mantener un cuerpo sano aquella otra señora o señorita que por alguna lesión espinal (hernias discales, prótesis, etc.) toma sus clases de ballet cuidando sus movimientos con esa delicadeza que el ballet lleva intrínseco y mientras las compañeras hacen las tandas de saltos ella se hace a un lado, se coge a la barra aceptando su limitación y ejercita las puntas uniéndose al grupo posteriormente.

En todos los deportes tenemos ejemplos de disfrutes, adaptaciones y logros, pero el ballet merece capítulo aparte, porque a parte de ejercicio físico (solo colocarse ya tonifica todo el cuerpo) el ballet es arte en movimiento y ahí reside una de las claves por la cual el bienestar de la práctica del ballet es tan preciado y positivo.

Hay situaciones claramente emocionales que se benefician del ballet como herramienta terapéutica.

Los estados de ánimo bajo, los patrones de personalidad muy rígidos, los muy laxos, los estresses, los “nidos vacíos”, las turbulencias de las adolescencias, las personalidades hiperactivas, las soledades, las necesidades de espacio personal propio… Hay muchas situaciones y variadísimas en sus tipologías, pero hay un punto en común en todas ellas: la necesidad de un equilibrio que devendrá en ganar bienestar bio-psico-social.

Y una pueda preguntarse: “¿Y que voy a hacer yo en una clase de ballet? Si yo soy….” Y ahí una puede ponerle el adjetivo que le venga a la cabeza: ¿torpe?, ¿mayor?, ¿voluminosa?, ¿exbailarina?, ¿impaciente?, ¿poco atrevida?, ¿tímida?, ¿acomplejada?, ¿miedosa?… Piense un poco y ponga el suyo, acabe la frase.

En una clase de ballet hay para todas y para todos los gustos. Apoyando la mano en la barra, de la mano de una buena profesora, las autoestimas van creciendo, aflora lo mejor de cada una.

Las rigideces se desegmentan y se va ganando una flexibilidad que es lo que va a hacer que esa persona sea fuerte, porque esa flexibilidad le permitirá ser todo-terreno en la vida. “En el espejo no hay nada que ver”: esas profesionales palabras de la profesora indican que hay que sentir el propio cuerpo a cada movimiento, no mirarse para moverse; sentir el propio cuerpo desde dentro, sin basarlo en la imagen externa, va a permitir rediseñar ese cuerpo, percibirlo, moverlo, controlarlo y modelarlo; y ese es un objetivo que por ejemplo ninguna dieta puede conseguir.

Pero el ballet es una herramienta indispensable de cambio desde dentro, desarrolla la propiocepción y también lo que en psicología clínica llamamos el “locus de control interno”, y ahí si llega.

A nivel mucho más interno, hecerles mención de que las endorfinas son neurotransmisores cerebrales que se ocupan de que tengamos unos niveles adecuados de bienestar. Hay muchas causas por las que el nivel de eficiencia de las endorfinas se ve afectado y ello se traduce en tristeza, visión negativa de las cosas, miedo, apatía, estrés o dificultad para afrontar lo que tengamos por delante.

Recuparar su buen nivel de funcionamiento es indispensable. Una de las maneras, rápida y básica, es ejercitándose físicamente. El ballet es un ejercicio físico que incluye las vertientes lúdicas y artísticas. El son de las melodías, del piano, de las orquestas, van a dimensionar el ejercicio y el bienestar emocional se aunará al físico y puramente endorfínico.

Quizá no se transformen los problemas externos de la persona, pero la conclusión sea: “Me siento bien”, y eso permita acometer lo externo, desde el bienestar interno; o dejarlo estar porque ya haya perdido intensidad o importancia o no sea cambiable.

Como pueden ustedes ver, se trata de disfrutar en toda la escala de edades y sobre todo de que en la etapa de la vida en que nos encontremos la disfrutemos.

La vida es ballet: bailen y el camino en la vida se verá enriquecido de matices. El ballet es fuerza: fuerza interior. Si la tienen, utilícenla bailando!!, y si les falta… bailen!!y se haran personalmente fuertes. Quizá descubran la bailarina que llevan en su inteior.

Quizá la descubrieron hace años y ahora por fin la dejen salir…

Réverence, mis saludos más respetuosos.

*Montserrat Masot Oller
Psicóloga Clínica

 

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Montserrat Masot Oller, en su clase de ballet
© Noemí Manalang. Danza Ballet® 2013

 

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