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Tristán e Isolda en el Teatro Real de Madrid

20 enero, 2014
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Se alternan las funciones de Tristan und Isolde, de Wagner, con Brokeback Mountain, de Wuorinen, dos visiones del amor como fuego exterminador, éxtasis y eternidad cósmica…

EL TEATRO REAL PRESENTA ‘TRISTAN UND ISOLDE’, EN LA CELEBRADA PRODUCCIÓN DE PETER SELLARS Y BILL VIOLA

Se ofrecerán 8 funciones de la obra maestra de Richard Wagner, entre los días 12 de enero y 8 de febrero, todas a las 18.00 horas. La aclamada producción de la ópera, creada por Peter Sellars y Bill Viola para la Ópera de París en 2005, se alternará con Brokeback Mountain, de Charles Wuorinen, cuyo estreno mundial será el 28 de enero.

Marc Piollet se encargará de la dirección musical de Tristan und Isolde en sustitución de Teodor Currentzis, quien canceló su participación en la ópera por motivos de salud. El tenor Robert Dean Smith y la soprano Violeta Urmana encabezan el reparto, al lado de Franz-Josef Selig (rey Marke), Ekaterina Gubanova (Brangäne) y Jukka Rasilainen (Kurwenal), en los papeles principales.

La Junta de Amigos del Teatro Real, a través de las donaciones de sus miembros, patrocina las funciones de Tristan und Isolde.

La función del día 23 de enero será retransmitida en directo, a las 18 horas, por Radio Clásica, de RNE.

Coincidiendo con la presencia de Bill Viola en el Teatro Real, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ofrecerá, entre los días 11 de enero y 30 de marzo, la exposición Bill Viola [en diálogo].

El Teatro Real presentará, entre los días 12 de enero y 8 de febrero, a las 18.00 horas (y no a las 20.00 horas, como es habitual), ocho funciones de Tristan und Isolde, de Richard Wagner, en la aclamada producción concebida por Peter Sellars y Bill Viola para la Ópera de París en 2005.

La leyenda medieval de Tristán e Isolda, que Wagner utilizó para su drama musical en tres actos, estrenado en Múnich en 1865, plantea la extrema tensión que lleva a la pareja de amantes protagonistas a romper todas las normas morales y religiosas, poseídos por el hechizo de un filtro fatal, trasunto simbólico de la pasión que los consume.

En este camino de anhelo, perdición, purificación y trascendencia, que impulsa el devenir de la acción dramática y lleva la música a los límites de la tonalidad, late la vivencia amorosa de Wagner en su relación “prohibida” con la joven Mathilde Wesendonck y aflora la honda influencia del pensamiento filosófico de Arthur Schopenhauer (1788-1860), cuyo libro El mundo como voluntad y representación, Wagner leyó cuatro veces antes del inicio de la partitura.

La concepción wagneriana del arte total como confluencia de palabra, música, imagen y gesto, la utilización del mito en su dimensión universal y primigenia, la melodía infinita y la espiritualidad religiosa, se ajustan a la propuesta artística de Bill Viola, que insinúa poéticamente las contradicciones ontológicas del amor en sus múltiples dimensiones.

El espacio escénico creado por el videoartista estadounidense para la sublime obra de Wagner, con el desdoblamiento de los dos amantes en figuras terrenales y cuerpos celestiales, y su camino desde la purificación hasta la “disolución de uno mismo”, ha provocado un enorme impacto en los espectadores que ya han podido contemplarla, en versión de concierto, tras su paso por Los Ángeles, Nueva York, Rotterdam, Londres, Birmingham, Lucerna, Dortmund, Helsinki, Estocolmo y Toronto (en esta última ciudad, con la dirección escénica de Peter Sellars, tal como se estrenó en París).

El tenor Robert Dean Smith, vuelve a encarnar a Tristan en el Teatro Real, después de haber cantado este papel junto a Waltraud Meier en la producción dirigida por Lluis Pasqual en 2008. Actuará junto a la soprano lituana Violeta Urmana quien, en el escenario del Real, ha interpretado a algunas de las más importantes heroínas operísticas: La gioconda, Santuzza (Cavalleria rusticana), Amelia (Un ballo in maschera), Tosca, Norma y Lady Macbeth (Macbeth). Franz-Josef Selig (rey Marke) interpretó el papel de Arkel, de Pelléas et Mélisande, en 2002 y 2011. También Ekaterina Gubanova (Brangäne) regresa al Real, después de su participación en Les contes d’Hoffmann en 2006. Completan el reparto Jukka Rasilainen (Kurwenal), Nabil Suliman (Melot), Alfredo Nigro (un pastor y voz de un joven marinero) y César San Martín (un timonel).

Tristan und Isolde traerá al teatro, una vez más, al director musical francés Marc Piollet, en esta ocasión sustituyendo a Teodor Currentzis, quien canceló su participación en la ópera por motivos de salud. Estará al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, a los que ha dirigido en C(h)œurs, Don Quichotte y en la reciente producción de L’elisir d’amore.

Coincidiendo con las funciones de Tristan und Isolde, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ofrecerá, entre los días 11 de enero y 30 de marzo la exposición Bill Viola [en diálogo], que se articula en torno a cuatro videoinstalaciones del artista estadounidense: Dolorosa (2000), The Quintet of the Silent (2000), Silent Mountain (2001) y Surrender (2001). Las imágenes de Viola dialogarán con obras maestras de José de Ribera, Alonso Cano, Zurbarán, El Greco y Goya, así como con la talla policromada de La Dolorosa, del escultor barroco Pedro de Mena.

musica  Tristán e Isolda en el Teatro Real de Madrid

ARGUMENTO

Acto I

Dos seres maltrechos, furiosos, desesperados y heridos realizan un viaje en la misma embarcación. Nadie espera que puedan sobrevivir. Para Isolde, la desesperación suicida se traduce en cambios de humor violentos y destructivos; de sarcasmo amargo, de llanto incontrolable y de la necesidad de hablar de todo. Para Tristan, en cambio, adopta la forma del silencio cicatrizado y doloroso del bloqueo emocional y de la negación (en ningún momento del viaje se ha mostrado Tristan dispuesto a reconocer la presencia de Isolde). Sus amigos más íntimos, Brangäne, sanadora y vidente, y Kurwenal, un antiguo soldado, están decididos a ayudarlos a ambos en sus horas más oscuras y a evitar que se causen más daños a sí mismos o entre sí.

Años atrás, Tristan había matado al caballero irlandés Morold. Fue en un combate y él mismo había resultado herido por el cuchillo de punta envenenada de Morold. Únicamente la prometida de Morold, la princesa y hechicera Isolde, podía curar la herida. Así, haciéndose llamar “Tantris”, acudió a ella para que le curase. Ella eliminó el veneno y curó la herida; le salvó la vida. Al mirarle a los ojos, ella bajó el arma. Y él volvió a su país de origen.

Y ahora ha vuelto, pero no como Isolde deseaba: para profundizar y consumar su relación. Ha vuelto para recogerla y, como mensajero, llevarla como trofeo nupcial de su amigo el rey Marke de Cornualles. Íntimamente, Isolde se siente desolada; públicamente, humillada. Las mujeres que les acompañan en el viaje llevan consigo una reserva secreta de potentes ungüentos y elixires, regalo de la madre de Isolde. Entre ellos, el más sagrado y precioso es un filtro de néctar de la más pura y destilada esencia de amor. Asimismo hay una pócima mortal, una solución rápida para acabar con una vida sin sentido cuando el dolor se hace insoportable.

En el momento álgido del trayecto, Isolde brinda con Tristan con la pócima letal. Se miran a los ojos y beben ávidamente, cada uno ansioso por poder escapar y extinguirse. Lo que no saben es que Brangäne ha cambiado las ampollas, y lo que están bebiendo es la esencia del amor. Durante un instante infinito creen que han traspasado la barrera que separa la vida de la muerte; sus corazones son libres. Y el amor secreto empieza a fluir como un torrente irresistible y transformador mientras el barco se acerca al puerto y el rey Marke se anuncia con relucientes trompetas. Las brillantes luces del mundo del poder y el prestigio eclipsan su sueño, y dejan a los amantes confusos y desconcertados.

Acto II

Mientras la oscuridad de la noche avanza, el sonido de cuernos de caza resuena por los bosques. Melot, el “mejor amigo” de Tristan, ha organizado una cacería para el rey Marke. Mientras la luz se desvanece, Brangäne adivina que la auténtica presa es Tristan. Isolde solo tiene ojos y oídos para la belleza natural, la armonía del anochecer y lo mejor de cada uno que existe en el interior de cada persona. Su corazón está iluminado por la luna, la diosa del amor, el poder femenino que surge en pleno universo. Cuando apague la última antorcha, Tristan, que está esperando en pleno bosque, se reunirá con ella a la luz de la luna. Brangäne presiente que hay espías por todas partes. Le ruega a Isolde que no apague la antorcha, y se dirige a la torre de vigilancia. Isolde apaga la llama y espera a que su amante llegue en plena oscuridad.

Tras la primera subida de adrenalina creada por el peligro y la euforia llega la incredulidad, y a continuación una charla ligeramente torpe y, finalmente, aparecen los problemas. Isolde pregunta directamente a Tristan por qué intentó traicionarla. ¿Qué le poseyó? Con su ayuda, y en medio de dolorosas punzadas de reconocimiento, poco a poco todo aquello que Tristan había guardado en secreto para sí empieza a salir.

El atractivo de la fama, los honores del mundo y los destellos del éxito habían deformado su personalidad, convirtiéndole en un extraño incluso para sí mismo. Había herido a sus amigos más íntimos sin darse cuenta, y la creciente disparidad entre su imagen pública y su siempre bajo sentido personal de la autoestima generaba en él un agitado sentimiento de odio hacia sí mismo. Se sentía indigno de la mujer cuyas virtudes proclamaba, y buscaba compensación lanzándose a aventuras militares.

Isolde empieza a comprender que aquel hombre a quien veía como arrogante y frío era un ser asustado y desesperado. Pero también tiene que reconocer hasta qué punto se sentía herida y cuánto queda de las heridas. Ahora es posible construir una base para una relación sólida, ya que son capaces de enfrentarse a los defectos del otro, a las decepciones y engaños, distinguiendo la imaginación fortalecedora y transformadora que sostiene el romance de las mentiras, evasiones y falsedades que minan la confianza.

Juntos entran en el reino de la noche, en el gran espacio interior de cada ser humano que tan poco tiene que ver con la vida cotidiana. Los pensamientos, apariencias y recuerdos se extinguen en una noche de amor perfecto; “corazón sobre corazón, boca sobre boca y una sola respiración”. Cuando el embeleso alcanza el éxtasis, la voz de Brangäne advirtiéndoles resuena en el cielo de la noche como nubarrones levantándose desde el mar. La realidad de que toda la alegría de este mundo se acaba, de que toda la belleza morirá o será extinguida sublima y eleva la música del amor. Aquí oímos la voz celestial de la compasión explicando a los mortales las cuatro verdades nobles de Buda.

Isolde empieza a preguntarse qué sucederá por la mañana. Marke y Melot, mirando en los bosques. Tristan tiene un presentimiento extraño sobre su muerte y declara que está dispuesto a morir aquella misma noche. Isolde le recuerda suavemente a la pequeña palabra “und” del título “Tristan und Isolde”. De ahora en adelante él podrá incluirla a ella en sus sueños y pesadillas; ya nunca más estará solo. Tristan es Isolde e Isolde es Tristan. Incluso muriendo vivirán un amor sin miedo, sin nombres, sin fin, sin más dolor y sin separación.

Y la luz del día irrumpe. Melot se dirige directo al poder político, denunciando el amor prohibido con gran indignación moral y solicitando las penas más graves para las personas vulnerables. El rey Marke sabe que este camino no ofrece ni restitución ni justicia. Mientras abre su corazón vemos que el rey no es más que un hombre, que fue el primero que amó a Tristan, y que “el amor que no se atreve a pronunciarse” es tan intenso como cualquier otro amor. Se comporta con infinita ternura con el hombre que le traicionó. Él está en el infierno. Y espera saber algún día la razón de ello.

Tristan abandonó al rey Marke para encontrar a Isolde, y después abandonó a Isolde ofreciéndola al rey Marke. Absolutamente avergonzado, Tristan se da cuenta de que lo único que puede ofrecer a Isolde, si ella decide quedarse con él, es una vida de fracaso y muerte. No tiene hogar. Nunca lo ha tenido. Nunca conoció a su padre ni a su madre, quien murió al darle a luz. Las palabras de consuelo de Isolde son milagrosas. Estén donde estén, esa será su casa. Ella ama a Tristan, si cabe más en el fracaso que en el éxito

Treinta segundos más tarde, Tristan muere. Tras provocar a Melot, Tristan sucumbe sin oponer resistencia.

Acto III

Después del amor, la última tarea en la vida humana es la muerte. Entramos en la última agonía de un hombre moribundo, con sus alucinaciones, viajes al pasado y visiones. Los sentidos son intermitentes, pero el dolor es constante. Se abre una puerta y se cierra otra.

Tristan permanece en coma durante varias semanas. Kurwenal traslada el cuerpo a la casa ancestral, en Kareol. Desde un acantilado con vistas al mar, aguarda mientras contempla el largo y lento descenso de su querido amigo hacia la muerte. Más allá, en lo alto de la montaña, un pastor toca una gaita; una antigua e inacabable melodía corta el aire helado del final del día. Kurwenal pide al pastor que cambie la música si ve que un barco se acerca. Ha mandado a buscar a Isolde. Solo ella, si sigue viva, puede hacer regresar a Tristan del reino de la muerte.

Tristan se mueve. La antigua melodía le pide que vuelva a este mundo. Él intenta describir cómo es la tierra al otro lado: un estado de olvido infinito y final. Aquí, la luz del sol es cegadora, el dolor agudo que siente su cuerpo es insoportable. En el interior “la luz no se ha ido todavía; la oscuridad todavía no inunda la casa: Isolde vive y despierta; me llamó desde la noche”.

Tristan está seguro de que ve su barco en la distancia, de que ella vuelve a él para guarecer sus heridas. Pero no hay barco. Sigue viendo la vida pasar ante sus ojos mientras se desliza descendiendo más allá del umbral de la conciencia. Recuerdos de la infancia y pensamientos sobre unos padres a quienes nunca llegó a conocer se mezclan con un revivir intenso de sus anteriores experiencias próximas a la muerte. El dolor le inunda el cerebro. La temperatura del cuerpo es insoportable, el alma le desgarra la carne. En el punto máximo de angustia mental y física, llega un instante de lucidez absoluta: la pócima mágica (¿fue veneno o elixir de amor?), la preparó él mismo, con todo el daño, dolor, sufrimiento y placer de su propia vida. Se ve un barco en el horizonte mientras Tristan sufre un último ataque de corazón. Kurwenal se apresura a recibir a Isolde. En un paroxismo final de accesos de dolor indescriptibles, Tristan se arranca los vendajes y permite que la sangre fluya libremente. Mientras muere oye la voz de Isolde.

¿No podía esperar una hora más? Ella le ruega que siga respirando. Tiene muchas cosas que contarle. Vino como su prometida, ¿por qué debería ahora recibir el castigo de asistir a su funeral? El impacto y el dolor insuperables la sumen en el silencio.

Y se ve a lo lejos un segundo barco. Llegan a tierra Marke y Brangäne. Melot encabeza el grupo para reconocer el terreno. Kurwenal mata a Melot y a continuación se suicida. El grupo llegó demasiado tarde para el perdón y la reconciliación.

Entonces Isolde se mueve. Mirando profundamente a Tristan, canta: “Delicioso y suave cómo sonríe, cómo los ojos propicio abre, ¿lo veis, amigos? ¿No lo veis y sentís?… ¿Solo yo oigo esta melodía, que tan maravillosa y suave, lamentándose de gozo, diciéndolo todo, dulcemente conciliadora, sonando desde él penetra en mí, se eleva sobre sí, resonando propicia, rodeándome de sonido?… ¡En la crecida ondulante, en el sonido resonante, en el universo suspirante de la respiración del mundo… anegarse… abismarse… inconsciente… supremo deleite!”

Peter Sellars

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