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La danza y el ballet

Anna Pávlova: a 140 años del nacimiento de la gran bailarina rusa


13 febrero, 2021

bailarines de ballet  Anna Pávlova: a 140 años del nacimiento de la gran bailarina rusa

La contribución de Anna Pávlova al ballet posiblemente sea mucho más grande que la de muchos coreógrafos y otras estrellas. La gran bailarina del siglo XX no fue solo una exitosa y talentosa artista, sino también una inspiradora y promotora del arte. Dejó su huella en muchos países y el 12 de febrero todo el mundo del ballet celebra su natalicio.

Hace 140 años, el 12 de febrero de 1881, nacía Anna Pávlova cerca de San Petersburgo. Los detalles de su biografía no difieren mucho de otras historias de aquellos años en la Rusia imperial: las niñas de familias pobres solían ser enviadas a la Escuela Imperial de Ballet (hoy Academia Vagánova) porque les proporcionaba alojamiento, educación, una profesión y a continuación un trabajo en el teatro. A muchas niñas, la profesión de bailarina les daba oportunidad de encontrar un patrón rico.

Por Ana Liná para © Sputnik

Así, Pávlova se matriculó en la escuela en 1891, pero no sin los problemas que resultan obvios si se compara su aspecto físico con el de las bailarinas de la época. Junto a las bailarinas anchas, corpulentas y sanas, Anna parecía dolorosamente delgada, pálida y flaca, por lo que la apodaron “la fregona”.

Si Pávlova hubiera nacido 100 años después, su figura habría sido casi ideal, en contra de las críticas de aquella época.

Pero incluso en ese entonces, en el cambio de siglo, consiguió convertir sus defectos en virtudes: su debilidad se convirtió en fragilidad y ligereza artística; su palidez, en espiritualidad. Su diligencia y trabajo duro, así como su incursión con grandes profesores de ballet —Pável Gerdt y Enrico Cecchetti— llevaron su talento a un alto nivel. Anna consiguió un puesto en el Teatro Imperial (Teatro Mariinski) en 1906, donde llamó la atención en pequeños papeles y luego obtuvo papeles principales en los ballets Giselle, Don Quijote, Paquita y La Bella Durmiente.

bailarines de ballet  Anna Pávlova: a 140 años del nacimiento de la gran bailarina rusa
Definió su misión en el ballet de la siguiente manera: “Hacer que la gente se olvide de sus problemas y preocupaciones por un momento”. Anna Pávlova © AP Photo

Sin embargo, no pretendía limitarse a las paredes de un teatro. Ya en su juventud sintió el deseo de llevar el gran ballet ruso a las masas y a partir de 1907 comenzó a hacer giras con la compañía de Mijaíl Fokin, conocido en Occidente como Michel Fokine. Para él y sus ballets ligeros blancos —las criaturas espirituales o mágicas vestidas de blanco—, Anna era la bailarina ideal. Para ella, Fokin creó un corto pero brillante ballet, El cisne moribundo, que se convirtió en un símbolo poético del ballet ruso y de la propia Anna.

Se hizo mundialmente famosa en 1909 durante las reconocidas Saisons Russes —temporadas rusas de ballet— en París organizadas por Serguéi Diaghilev. Anna estaba representada en el cartel de las temporadas parisinas del artista Valentín Serov.

Pero en 1910 dejó a Diaghilev y Fokine. Los motivos fueron variados: la alta competencia con otros artistas destacados (el mismo Vaslav Nijinsky), la decepción por la estética de los ballets modernos y razones personales. Anna creó su propia empresa y recorrió el mundo promoviendo la escuela rusa de ballet. A diferencia de la compañía de Diaghilev que solo actuaba en los grandes recintos de lujo, Pávlova estaba dispuesta a actuar en salones de música, hangares y arenas. No elegía a su público y bailaba igual de bien para la realeza que para los campesinos. Con su compañía (30 bailarinas, 15 bailarines, dos solistas, dos directores de orquesta, un pianista y un violinista) viajó por todo el mundo: 44 países. Ejecutaba alrededor de nueve actuaciones por semana, en cada una de las cuales Pávlova estaba obligada a aparecer al menos una vez por respeto al público.

Con Pávlova, el ballet ruso ascendió a la escena mundial, y en muchos países comenzaron a surgir pequeños estudios de danza amateur y teatros de ballet nacionales. Muchas chicas que veían sus actuaciones soñaban con convertirse en Pávlova. El nombre de la bailarina rusa sirvió para bautizar perfumes, tulipanes, pasteles e incluso un avión. Fue una modelo de moda, patrocinada por los monarcas europeos y fue amiga de Charles Chaplin. En 1914 fue detenida brevemente en Alemania por “espía rusa” y tuvo que regresar a su patria que había entrado en la Primera Guerra Mundial. Anna se escapó de la guerra en una gira: primero a Estados Unidos y de allí a América Latina, donde se enteró de la Revolución de Octubre de 1917.

La gira latinoamericana de Pávlova comenzó en Cuba en 1915. Luego visitó Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Santiago, Lima, La Paz, Quito, Caracas y Costa Rica. Visitó Cuba tres veces: en 1915, 1917 y en la temporada seca de la isla de 1918-1919, convirtiéndose en la primera estrella del ballet en visitar América Latina en el siglo XX.

La huella de Pávlova en Cuba se siente todavía. En 1918 se fundó en Cuba la Sociedad Pro-Arte Musical que décadas después, en 1931, se convirtió en la cuna de la enseñanza de la danza en la isla. Bajo la tutela del bailarín ruso Nikolái Yavorski se criaron estrellas como Alicia Alonso, Fernando Alonso y Alberto Alonso, autor del ballet Carmen para Maya Plisétskaya.

El repertorio de Anna Pávlova incluía no solo papeles importantes como Giselle, sino también miniaturas de ballet que ella misma creó bajo la influencia de las danzas de los pueblos del mundo durante sus numerosos viajes. En 1931, durante una gira, Pávlova se resfrió en el tren. Los médicos no pudieron curar su pleuresía. No llegó a cumplir los 50 años.

El 23 de enero Pávlova murió en La Haya, el día de su actuación. Su muerte fue anunciada tras un telón cerrado y, según los recuerdos de los testigos, toda la sala se levantó para aplaudir y homenajear a la gran bailarina. La leyenda cuenta que sus últimas palabras antes de morir fueron: “Tráiganme mi traje de cisne”. Su vida dedicada al arte, hasta el último aliento, terminó, pero la memoria de su belleza, talento y contribución al desarrollo del arte de ballet sigue viva. Fuente sputniknews

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Anna Pavlova con su cisne doméstico Jack.
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Enrico Cecchetti y Anna Pávlova © AP Photo

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