
Darren Aronofsky, el director de “Black Swan”, quiso hacer un filme no sobre el ballet ni en sí ni para sí, sino utilizarlo en vistas al eterno tema literario del doble. Más acaso le hubiese valido que hiciera otra versión de “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” de R.L. Stevenson, o “El doble” de Dostoievsky (en lo que pensó originalmente), en vez de acudir a otra representación artística del asunto: Odette, el angelical y trágico cisne blanco, y Odile, el cisne negro, su doble infernal, su “hermana gemela” (como dice el guión del filme, pleno de lugares comunes, entre ellos, la perla: “tú único enemigo eres tú misma”), en el conocido ballet de Chaikovsky “El lago de los cisnes”. (Por cierto, fue el coreógrafo Marius Petipa, en la segunda versión de la obra en San Petersburgo, tras su fallido estreno en Moscú en 1877, quien tuvo la idea de que los dos cisnes fueran interpretados por la misma bailarina.)
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