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El Ballet en Cuba – II Parte


14 junio, 2007
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colaboradores  El Ballet en Cuba   II Parte

 

NOTAS PARA UNA HISTORIA (QUE HA SIDO VARIAS VECES ALTERADA)

“Cuando una mentira se repite varias veces, ésta se vuelve verdad”, asevera un dicho popular que todos conocemos.

El Ballet en Cuba – I Parte

El Ballet en Cuba – III Parte
 
Igualmente, en el calendario de conciertos para los asociados, aparecían constantemente nombres de conjuntos de danza, o bailarines de gran fama, como Ruth Page (1932); Dúo Sajaroff (1935); Ballet Russe de Montecarlo (1936); Ted Shawn and his Male Dancers (1937); Ballet Caravan (1938); Ballet Jooss (1940); Ballet Ruso Original de De Basil (1941); Martha Graham. y Enemble (1941); Ballet Theatre (1947); Kovach y Rabovsky (1955, 1957),  Ballet de Janine Charrat (1957); Yvette Chauvire y Conjunto (1959), y Ballet de Finlandia (1959); así como bailarines españoles de la talla de Antonio Mercé, La Argentina (1936); Mariemma (1949, 1951), Pilar López y su Ballet Español (1950, 1951), Ballet Español Ximénez-Vargas (1955), y otros más.
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Comparsa Afro, original del pintor cubano Juan Lopetegui, residente en Nueva York.


La labor más importante de la escuela de Pro-Arte, hasta 1958, sin embargo, podría ser considerada en dos vertientes: la primera era formar una generación de bailarines  que luego serían magníficos profesores, y comenzando con los tres Alonso, continuaría con Luis Trápaga, Elena del Cueto, Lydia Díaz Cruz, Dulce Wohner (Anaya), Leonela González, Esther M. López de Villavicencio (Jones), Magda G. Mora (Auñón), Betty Lismore, Enrique Martínez, Ramiro Guerra, Aníbal Navarro, etc.  La segunda, partiendo de 1941, era acumular un repertorio de obras del repertorio universal ─tales como «Las Sílfides»,  «Petrouchka», «Las Bodas de Aurora», «Príncipe Igor»,  «El Lago de los Cisnes» Acto II, «Carnaval», «Giselle»,  «El Gallo de Oro», «El Espectro de la Rosa»,  «Apolo», «Beau Danube», «Baile de Graduación», con las coreografías originales de los grandes coreógrafos─, junto a otras originales de Alberto. Entre estas últimas ─«Concerto» de Bach, y «Orfeo» de Glück, las más importantes entre las neo-clásicas,  premiadas por la Asociación de Redactores Teatrales y Cinematográficos de Cuba─, aparecerían otras, además de las creadas dentro de un nuevo componente autóctono, logrado a través del sincretismo de la danza de escuela y el folclore afrocubano.


Ya Alberto, en 1943, había intentado establecer ese estilo en la danza con «Forma», de José Ardévol, inspirada en un poema de José Lezama Lima, que ostentaba diseños de Emilio del Junco y Eddie Montoulieu, y como excepcional elemento, incluía en la parte vocal cantada, a la Coral de La Habana, dirigida por María Muñoz de Quevedo. Aunque esta obra era de autores e intérpretes cubanos, ni la concepción ni la coreografía estaban basadas en elementos folclóricos o simplemente típicos. Cuatro años más tarde, sin embargo, con «Antes del Alba», sobre música de Hilario González Iñiguez y diseños de Carlos Enríquez, Alberto lograría por vez primera un verdadero ballet cubano, con ingredientes genuinamente nacionales. Desafortunadamente, el libreto un tanto ridículo del guionista español Francisco Martínez Allende, impidió que la obra tuviera éxito.

Eventualmente, Alicia y Fernando regresaron al ABT, y por su parte, Alberto y Denisova decidieron explorar otros medios artísticos en Estados  Unidos. La escuela, provisionalmente bajo la dirección de Luis Trápaga y la bailarina australiana Valrene Tweedie (conocida teatralmente como Irina Lavrova), presentó en 1945 por primera vez, el ballet «Giselle», que Fernando vino expresamente a Cuba a montar, y en el cual Alicia consolidaría el estrellato que dos años antes había obtenido en Nueva York. Alberto regresó a La Habana después de su divorcio de Denisova, y tomó de nuevo la dirección de la escuela. Meses después contrajo matrimonio con Elena del Cueto, alumna que había ingresado como profesora auxiliar de la facultad de la escuela, junto a otra antigua alumna, Cuca Martínez en 1946. Posteriormente el currículo incluyó un kindergarten de ballet, y clases de baile español, a cargo, respectivamente, de la ex-alumna, Finita Suárez Moré, y de la bailarina española,  Adelina Durán.

Mientras tanto, otras maestras  trabajaban con entusiasmo en ese arte tan hermoso, quizás animadas por el éxito de la escuela de Pro-Arte. Entre ellas, Fernán Flor (Ina Claire, rezagada en La Habana desde que llegó a la isla con el conjunto de la Pavlova), mantenía allí un estudio de baile;  Ana Mariana, dirigía clases en el Conservatorio de Música; Sylvia Medina también intentaba sentar pautas enseñando, y Nina Verchinina y Anna Leontieva, quedadas en la isla después de haber sido parte de la gira del Original Ballet Russe de De Basil, impartían sus conocimientos sobre la  danza. 

En 1948, una crisis transitoria en el ABT motivó que Alicia y Fernando decidieran establecerse en su patria de nuevo, y formar una compañía de ballet que llamaron Ballet Alicia Alonso (BAA),  con Alicia como figura principal, junto a Igor Youskevitch, llevando a Fernando como director artístico, y a Alberto como coreógrafo residente. El resto del conjunto estaba integrado por alumnos de Pro-Arte, así como por  ex-miembros del ABT. El intento principal de la compañía parecía ser, en un principio,  realzar la carrera de su estrella principal, y mantenerla en actividad cuando no le aparecieran contratos en el extranjero. Pro-Arte brindó de inmediato su apoyo al proyecto, cediendo en calidad de préstamo el vestuario, decorados y partituras musicales de los ballets que formarían el repertorio, así como el uso del salón de ensayos.

Antes de partir en la primera gira artística por Hispanoamérica, en 1949 ─con la escuela de Pro-Arte, en ausencia temporal del titular, en manos de León Fokine, de ilustre apellido en el mundo de la danza─ el BAA y Pro-Arte suscribieron un contrato, mediante el cual la compañía abonaría a la institución pro-artina la cantidad de 300 pesos mensuales, mientras permaneciera en el extranjero. A pesar de que los éxitos artísticos abundaron en el viaje, no sucedió así económicamente, y como consecuencia, Pro-Arte no recibió ni un centavo del pago estipulado en el contrato. Para saldar la deuda, Pro-Arte sugirió que el conjunto, ya de regreso,  ofreciera  una función gratuita para sus asociados (celebrada en febrero de 1950), propuesta que fue aceptada con cierta fricción. De más está señalar que las relaciones entre Pro-Arte y el BAA no volvieron a ser cordiales jamás, a pesar que la entidad cedió al BAA  de manera permanente, después de liquidada la deuda,  los decorados y vestuarios que habían estado usando hasta ese momento.

Mientras tanto, Alberto había vuelto de la gira del Ballet, y una vez reintegrado con del Cueto a sus labores profesionales en Pro-Arte, inició por su cuenta un pequeño conjunto llamado Ballet Nacional, con el propósito de estudiar más ampliamente las posibilidades  de unir los bailes populares con la danza de escuela, y    así crear un estilo totalmente clásico-afrocubano. El empeño duró solo dos años, pero arrojó un saldo  de obras originales, que contaron con los diseños de los renombrados pintores Carlos  Enríquez y René Portocarrero.

Por gestiones de Aureliano Sánchez Arango, Ministro de Educación durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás (1948-1952),  el BAA se beneficiaba desde 1949 de una subvención oficial que continuaría bajo el segundo período gubernamental de Fulgencio Batista (1952-1959) ─que por esa época ascendía a 43.000 pesos (Revista Germinal, La Habana,  mayo de 1955)─, hasta que en agosto de 1956, fue cancelada por el Director de Cultura, Guillermo de Zéndegui. Sin medios económicos fijos, el Ballet, después de dos actuaciones en Manzanillo y Matanzas, cesó sus presentaciones, no así la Academia de Ballet Alicia Alonso (fundada por Fernando en septiembre de 1950), la cual después de haber tenido en su facultad profesores invitados de la categoría de Mary Skeaping, Phyllis Bedells, Charles Dickson, Alexandra Fedórova, José Parés, y varios otros más, continuaría trabajando con maestros ya formados en sus aulas.

(En 1998 tuve la oportunidad de hablar personalmente en Miami con el Dr. De Zéndegui, poco antes de su  fallecimiento, quien a pesar  de recordar pocos detalles  del incidente de la suspensión del subsidio al BAA, insistió en que la compañía había aceptado en principio, presentarse al público de Cuba gratis, varias veces al año, y como lo hizo solo en contadas ocasiones, estimaba que ese dato fuera el motivo de la suspensión. La entrevista apareció en la desaparecida revista Temas, New York, edición de abril, 1998).

En febrero de 1955, bajo el nuevo nombre de Ballet de Cuba, la compañía presentó en la capital,  la versión completa de «El Lago de los Cisnes», según montaje de Mary Skeaping, con Alicia y Royes Fernández, en los roles principales. La función fue una Gala en honor de las misiones extranjeras que habían venido a Cuba, especialmente invitadas a la inauguración de lo que sería el último período gubernamental del presidente Batista,  quien estuvo presente con su esposa, como invitados principales.
 

Con la llegada de la televisión, una nueva fuente de trabajo se abrió para los artistas cubanos. Alberto, con el grupo formado para sus empeños sobre bailes populares, presentó en los programas Cabaret Regalías y Casino de la Alegría, igual que en salas nocturnas capitalinas, infinidad de viñetas bailables sobre la idiosincrasia del cubano, en versiones un tanto comercializadas, pero muy accesibles y gratas al extremo, que se adentraron fácilmente en la sensibilidad del gran público. Muchos aplaudieron en la tele «El Güije», «Quimbisa», «Maleficio» y «Rapsodia Negra», estampas sobre temas cubanos, en la sensual interpretación de del Cueto, así como «La Engañadora», el primer cha-cha-chá de que se tengan noticias, en los graciosos movimientos de Sonia Calero (hoy esposa de Alberto), quien también aparecería en el simpático  y muy popular «El Solar», y la más ambiciosa «La Rebambaramba», entre otras  más. Por otra parte,  la pareja formada por Juliette y Sandor, en el programa  Jueves de Partagás, y Leonela González con Henry Boyer, ganaban importancia en la T.V. cubana, igualmente que en  extravagantes shows de cabarets.

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