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Giselle, la quinta esencia de la danza romántica

3 diciembre, 2013
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Las exigencias técnicas de Giselle, han dado lugar a señalar que se trata de “el Hamlet del ballet”.

Por Augusto Sorzano Puyana.

El Ballet-pantomima ‘Giselle ou les Wilis’, del compositor francés Adolphe Charles Adam, está considerado como “…el ballet clásico por excelencia”, así como “…uno de los más famosos ballets de la época clásica y de todos los tiempos, y, acaso, …el más perfecto ejemplo de ballet en la historia”.

En relación con el ballet, tal y como el término se entiende hoy en día, “…se afirma que tuvo su primer y más importante desarrollo en Francia, más exactamente durante el Siglo XVII, especialmente durante el reinado de Luis XIV, ‘El Rey Sol’, y principios del Siglo XVIII, aunque es ciertamente difusa la fecha que lo separa del ‘Masque’ que lo precedió, el cual era una especie de entretenimiento ceremonial de la aristocracia, consistente en una combinación de poesía, música vocal e instrumental, danza, ostentación y decoración escénica, generalmente orientada a la representación de temas alegóricos y mitológicos”.

Tales eventos, “…en los cuales la danza alcanzó ese nivel protagónico, se hicieron populares en las cortes de Europa, especialmente en Francia y en Italia, (‘ballet de cour’) y en este sentido se tiene como el primer ballet importante al ‘Ballet comique de la royne’, dado en París en 1.581 para celebrar el matrimonio de Margaret of Lorraine, hermana de Henry III”. Así los acontecimientos, “…se considera entonces a Luis XIV como el patrono y creador del Ballet-Espectáculo, algo a lo cual contribuyó especialmente la presencia, en su corte, de dos grandes maestros de la danza y de la música, Beauchamp y Jean-Baptiste Lully. Entonces, París se convirtió en la capital de la danza y la creadora de la ley mundial de la danza. Seguirían años de esplendor con los ballets de Lully y destacados intérpretes. Aunque el ballet de la corte francesa terminó después de la muerte de Luis XIV en 1.715, la Opera de París continuó siendo el centro mundial del ballet (en su siguiente etapa evolutiva, el ‘ballet d’action’), durante el Siglo XVIII y parte del Siglo XIX”.

Adolphe Charles Adam, compositor y crítico musical francés, nació en París en 1.803, hijo de Jean-Louis Adam, un distinguido alsaciano, pianista, compositor y profesor del Conservatorio de París.

Los primeros conocimientos en música, recibidos de su padre en casa, los amplió en el Conservatorio de París en órgano, contrapunto y composición, con el compositor François-Adrien Boieldieu, de quien recibió también su principal orientación hacia la composición de música para el teatro y la ópera. De su producción operística de 37 óperas, la opereta ‘Pierre et Catherine’ es la primera de las obras que estrenó en 1.829 en la Opera Comique de París. De todas, las más célebres han sido ‘Le postillón de Longjumeau’ en 1.836 y ‘Si j’etais roi’, (Si yo fuera rey’), en 1.852, ambas con melodías de tono ligero que “…son un anticipo de la deliciosa música que, años después, desarrollaría Jacques Offenbach”. Adam fue gran amigo de Hector Berlioz, quien, con admiración, lo llamaba ‘Le faiseur de contredanses’, pues, …para entonces, ya Adam mostraba esa maestría para la composición de danzas que lo haría notable en la música para el ballet”.

Adolphe Adam compuso 37 óperas (del género ‘opera comique’), 14 ballets, piezas para piano, pantomimas, himnos, marchas militares y canciones cortas, de las cuales la canción navideña ‘Cantique de Noël’, ‘O holy nigth’ es mundialmente famosa, además de poseer el lauro (su versión en inglés), de haber sido, en la historia, la primera música difundida por radio.

‘Giselle’, “…la quintaesencia del ballet clásico”, se inspiró en el éxito arrollador de ‘La Sílfide’ de Jean Schneitzhöffer, estrenado en París en 1832. La partitura de Adam se complementó con pasajes de otros compositores, entre ellos el ‘Pas de deux’ campesino por Johann Friedrich Burgmüller. La coreografía es de Jean Coralli, según lo consigna la ‘Enzyklopädie des Musiktheatres’ de la Universidad de Bayreuth, aunque se afirma que Jules Perrot , esposo de Carlotta Grisi (la primera’Giselle’ en el estreno del ballet en 1.841), creara los pasos para ella. El libreto fue del poeta y crítico Théophile Gautier y de Jules Henry Vernoy, y se basó en la obra ‘De Allemagne’ escrita en 1.835 por Heinrich Heine, y algún material de ‘Fantômes’ de Victor Hugo.

El argumento, en dos Actos, narra la historia de una bella campesina,-Giselle-, una apasionada de la danza, en una aldea de la Renania medieval, quien conoce a un apuesto caballero, Albretch, del que se enamora profundamente, sin saber que él es de noble cuna,-un duque-, quien disfrazado de plebeyo se hace llamar Loys”. “Giselle se da cuenta y comprende la dificultad para verse con su amado, de lo cual ya se ha enterado Hilarion, un guardabosques que también vivía enamorado de Giselle. Cuando Hilarion declara su amor a Giselle, ella lo rechaza y éste jura venganza”.

“Poco tiempo después, durante las fiestas campesinas de la vendimia, ocurren varias escenas, durante las cuales el obligado desamor de Albretch debido a la presencia de su prometida, le ocasionan a Giselle un profundo desencanto que la lleva a la locura, al intento de suicidio y después a la muerte. Por las noches, el bosque, en el que se encuentra la tumba de Giselle, está dominado por las Willis, -espíritus siempre vestidos de blanco, de las novias que han muerto antes de su boda-, y el sepulcro es visitado por Hilarion, quien es rodeado por las Willis que lo obligan a danzar, como es su destino perpetuo, hasta que fallece. Albretch, quien también visita la tumba de Giselle, es protegido de las Willis por la propia Giselle bailando con él, junto a la cruz, hasta el amanecer, cuando los espectros se retiran, y, mediante sus ruegos a Myrtha, la reina de las Willis, logra para ella el ser liberada de vivir entre las sombras, para retornar a su tumba y descansar en paz, después de haber conducido a su amado hacia la luz y la vida”.

La première del ballet tuvo lugar el 28 de Julio de 1841, en el Ballet du Théâtre de París, con escenario por Pierre Ciceri, con Lucxien Petit como Albrecht, con la bailarina italiana Carlotta Grisi en el papel de Giselle y con Adela Dumilatre como Myrtha, la reina de las Willis.

La función contó con dos notables espectadores de habla alemana: el compositor Richard Wagner y el escritor Heinrich Heine, este último, quien fuera copartícipe del libreto de la obra.

En su reporte al ‘Dresdner Abendzeitung’, Wagner escribió que había quedado ciertamente impresionado “…con la oportunidad que el siniestro deseo de las Willis de danzar ofrece, para escenificar las más increíbles piruetas y los más maravillosos brincos”. Sin embargo, en relación con la música, su comentario fue un lacónico “bien hecha”. En contraste, de Heine, (a quien nadie le había reconocido el crédito por su contribución al libreto, y a sus constantes recomendaciones en cuanto a la música para cada momento de la obra), en relación con la música, su comentario también fue un simple y escueto “recomendable”.

Desde su première en 1.841, la coreografía de Giselle ha tenido muchas reformas, entre las cuales la más profunda fue la del coreógrafo Marius Petipa en 1.880, para la presentación del ballet en la Corte del Zar en San Petersburgo. “Durante los ensayos en el Teatro Marynsky de San Petersburgo, Petipa hizo considerables cambios, tanto en la coreografía como en la música (a la cual ya se había agregado el Pax de deux campesino de Burgmüller), para los de la música, se afirma, con la ayuda de Ludwig Minkus, por entonces Kapellmeister de la Corte de San Petersburgo. Sin embargo, Petipa, sensible coreógrafo como fuera, se cuidó de no tocar aquellos pasajes con los cuales, veinticinco años atrás, contribuyó al carácter único de la obra, a sus calidades místicas y a su éxito inicial”.

Y fue la versión de Marius Petipa para la producción de San Petersburgo en 1.880, la que volvió a Occidente en el Siglo XX con los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, así como también lo hiciera, en 1.924, Sergeyev, cuando montara en París la obra para Olga Spessivsteva y en 1.934 en Londres, para Alicia Markova.

Las exigencias técnicas de Giselle, han dado lugar a expresiones como aquella de que “…Giselle es el Hamlet del ballet. Entre sus exponentes, han estado notables del Arte de la ‘Prima Ballerina’ como Grisi, Pavlova, Karsavina y Alicia Markova, hablando sólo de finales del Siglo XIX y de principios del Siglo XX”.

Resulta, entonces, incontrovertible, la afirmación que alguna vez hiciera Alicia Markova, en cuanto a que, “…a través del carácter de Giselle solo, una bailarina podía expresar mil cosas sobre la vida, la muerte y las emociones humanas”.

Bibliografía:
  • GREEN, Aaron. ‘Giselle Ballet Synopses’
  • VÁZQUEZ, Alfredo. ‘Giselle, el Ballet de Adolphe Adam’
  • SCHMIDT, Jochen. ‘Romantic Dance par excellence’. Sony Classical GmbH
  • NOTES. ‘London Festival Ballet ‘ Gala. EMI Records Lmtd. SLS 842
  • SLYPER, Jacques. ‘Giselle’. Notes. EMI La Voix de son Maitre C 053-01958
  • SCHOLES, Percy A., ‘The Oxford Companion to Music’. Oxford University Press, London.
selecciones  Giselle, la quinta esencia de la danza romántica
Giselle © Julien Benhamou. Opera national de Paris
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Giselle © Julien Benhamou. Opera national de Paris.
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