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Isadora Duncan, 80 años de su muerte


14 septiembre, 2007
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Isadora Duncan, un grito por la libertad del cuerpo.

Hoy, 14 de Septiembre se cumple el 80 aniversario de su muerte: “Bailar es vivir. Lo que quiero es una escuela de vida”, decía la artista.

Hoy que se cumplen 80 años de su muerte, no podemos dejar de advertir la pertinencia de las palabras de Isadora Duncan: “La mayoría de los seres humanos desperdicia 25 o 30 años de su vida antes de atravesar las mentiras convencionales que los rodean”.

La bailarina, que criticaba a quienes “viven en un estado vegetativo” y se han “concentrado en una sola dirección”, mantiene su estatus de provocadora. No sólo porque su irrupción en el mundo desafió convencionalismos que no han sido desterrados del todo, sino porque su espíritu indómito abrió la puerta a creadoras que han tenido que vencer prejuicios sexistas que subsisten. En una biografía bosquejada para la Fundación de Danza Isadora Duncan, Lori Belilove dice que “el genio de Isadora Duncan inspiró a otros bailarines modernos de su tiempo para crear sus estilos individuales. Sin embargo, la gran influencia de la danza de Isadora no se limitó al escenario. Todas las artes apuntaban hacia nuevas direcciones, buscando formas nuevas y excitantes de expresión e inspiración y encontraron a Isadora Duncan”.

Nacida en 1877 en San Francisco, Duncan realizó algunos estudios, pero pronto se dio cuenta de que las limitaciones que le imponían sus maestros le impedirían la originalidad que buscaba. Estaba convencida de que “bailar es vivir. Lo que quiero es una escuela de vida”. Su arte fue intenso porque así fue su vida. Luego de algunos pequeños éxitos en Chicago y Nueva York, viajó a Europa. En museos como el Louvre de París y la National Gallery de Londres convivió con obras maestras que alimentaron su imaginación, especialmente el arte clásico. La naturaleza y la cultura griega fueron sus grandes influencias, como también lo fue en un momento dado la revolución bolchevique.

Al contrario de las fastuosas producciones que imperaban en la época, donde los bailarines se perdían en escenografías ostentosas, Isadora dejó de lado los maquillajes excesivos, adaptó túnicas transparentes y liberó a sus pies de las zapatillas para escandalizar a unos y cautivar a otros. Especialmente poetas, pintores, escultores y miembros de la realeza y la burguesía ilustrada se convirtieron en sus devotos seguidores.

Su vida personal, abundante en amores —hombres y mujeres—, la terrible pérdida de sus hijos en un accidente automovilístico, el suicidio de su esposo Sergei Esenin y su propia muerte por ahorcamiento cuando su chalina se atoró en la llanta de un automóvil, contribuye a convertirla en mito. Pero en un mito cimentado en una vida de desafíos, de invención diaria y de un afán de crear algo único. “Miss Duncan ha unificado realmente la vida en la danza —le escribiría Auguste Rodin en una misiva—. Es natural en la escena, donde es tan difícil serlo. Hace la danza sensible a la línea y ella es simple como lo antiguo… Es el arte completo y soberano”.

Precursora de la danza moderna

A la bailarina y coreógrafa italomexicana Rossana Filomarino lo primero que se le viene a la mente cuando se le menciona el nombre de Isadora Duncan es “su persona, su figura ligera, los velos flotantes. Ha sido una de las primeras mujeres libres e independientes respecto a su arte y respecto a su vida. Hubo una gran coherencia entre sus posturas artísticas y sus posturas éticas”.

Sin Isadora la danza tal vez sería diferente en nuestros días, agrega. “Pero esto no podemos saberlo. Lo que sí es un hecho es que fue precursora de todo el movimiento de danza moderna que después se desarrolló en danza contemporánea y que es lo que hacemos todavía. Fue muy importante su búsqueda de la libertad fuera de los cánones del ballet, con otra manera de expresión que se adecuara a los tiempos. También está su acercamiento de fundir la danza con otras artes, sobre todo con las artes escénicas y plásticas”.

Aunque Isadora Duncan realizó estudios de danza muy limitados, es un caso notable de formación autodidacta, considera la coreógrafa. “Y aunque no poseía una gran técnica, su valor era otro: era este grito por la libertad del cuerpo y el deseo profundo de búsqueda constante y de innovación”.  Por Xavier Quirarte (México)

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“Bailar es vivir. Lo que quiero es una escuela de vida” Isadora Duncan, un grito por la libertad del cuerpo.
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