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La danza española

8 junio, 2006
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Los orígenes de la danza española se pierden en la antigüedad. Las primeras manifestaciones se encuentran en los entretenimientos cortesanos de los califas árabes y en las danzas teatrales de la época de los Reyes Católicos.

En el siglo XVI se desarrollaron una serie de danzas cortesanas como la zarabanda, la chacona, el pasacalle y la folía, y las danzas litúrgicas (los seises) que todavía se ejecutan en la catedral de Sevilla.

Por Julio Costa Madriñán

Los bailes populares ejercieron una gran influencia sobre todas las otras formas, en especial como resultado de su continuo empleo en obras religiosas, en espectáculos campesinos y en las procesiones. Al final del siglo XVI, el resto de Europa conoció estas influencias y a comienzos del siglo XVII las formas españolas de baile empezaron a ponerse de moda entre los maestros europeos de danza y en los bailes aristocráticos de entonces.

En el siglo XVIII el bolero, derivado de las seguidillas, ocupaba la vanguardia de los bailes españoles de sociedad. No era sólo el nombre de un baile, sino también un término aplicado a una forma de enseñanza. Este tipo de danza que alcanza su esplendor en el siglo XIX cautiva a los coreógrafos de la época que utilizan cada vez más este material español. Este auge alcanzó no sólo a artistas españoles, sino a otros de la cultura del ballet europeo como las bailarinas Fanny Elssler, María Taglioni y Carlotta Grisi; aunque la pasión por lo español había empezado antes, con los coreógrafos Charles Didelot, Gasparo Angiolioni, Gaetano Vestris y Salvatore Viganó, siendo el fandango su símbolo internacional, estandarte estético y canon divulgativo.

La danza española moderna consta de cuatro grandes categorías:

  • Las danzas regionales, como la jota de Aragón, las sevillanas de Andalucía y el extendido fandango.
  • El flamenco, la danza de los gitanos del sur de España con posibles reminiscencias de bailes de la India.
  • La escuela bolera o danza clásica española que apareció como una estilización para el escenario de danzas regionales individuales.

Con una enseñanza transmitida por maestros de baile, la escuela bolera alcanzó su cenit a principios del siglo XIX, y adquirió una técnica específica y una terminología, además de su carácter orgulloso y sensual y el porte característico del torso, los brazos y la cabeza. 4) La danza española neoclásica, el renacimiento de la danza clásica española a finales del siglo XIX.

A principios del siglo XX empieza a resurgir la danza española a través del genio de la bailarina española de origen argentino Antonia Mercé ‘La Argentina’, quien bebió en las raíces del flamenco, el folclore y la escuela bolera. Ella fue la primera en bailar la música de los grandes compositores españoles como Enrique Granados o Isaac Albéniz. El maestro Joan Magriñá contribuyó a devolver a la danza española todo el prestigio que había tenido años atrás, del mismo modo que la familia Pericet estableció una continuidad en su labor como maestros y coreógrafos. Famosos exponentes de este resurgimiento son la bailarina española de origen argentino La Argentinita (Encarnación López), Teresa Boronat, bailarina de grandes facultades, las bailarinas españolas Pilar López y Mariemma, también coreógrafa y maestra, el bailarín español Vicente Escudero, el coreógrafo y bailarín Antonio Ruiz y el bailarín y coreógrafo estadounidense José Greco.

Danza española cantada, de ritmo ternario y movimiento animado, con acompañamiento de castañuelas y guitarras. En compás está distribuida en estrofas de cuatro versos alternativos de siete y cinco sílabas con asonancia en los pares, seguidas de estribillos de tres versos de cinco sílabas el primero y tercero y de siete el segundo. Manuel de Falla consideraba a su variante la seguidilla como el más antiguo de todos los cantes flamencos, enraizándola con el cante litúrgico bizantino.

De la seguidilla hay testimonios desde el siglo XVI; como atestigua Cervantes en su Quijote, se bailaba y cantaba en su época. Más tarde, formó parte esencial en los sainetes y tonadillas del siglo XVIII y posteriormente, de las zarzuelas. Sus principales variantes son: manchegas (originarias de La Mancha, con ritmo muy vivo), boleras (señoriales y reposadas), murcianas, sevillanas, gitanas (también llamadas payeras) y seguiriyas (de carácter sentimental y movimiento lento), que contiene un doble ritmo y alternos, componiéndose su coreografía de un preludio instrumental e interludio (llamados falsetas) entre cada estrofa. La jaleada tiene un ritmo combinado y está emparentada con la cachucha. Bizet compuso unas célebres seguidillas para su ópera Carmen (1875) y Albéniz subtituló Seguidillas a su “Castilla” de la Suite española.

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