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Museo Thyssen-Bornemisza Paul Cézanne


18 marzo, 2014
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Juan Carlos Tellechea

Periodista y crítico.
Nacionalidad: Uruguayo.
Lugar de residencia: Berlín.

El señor Tellechea se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo. Reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, y desde 1999 en Berlín) donde colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

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El universo sensual de Cézanne

Con una manzana quería asombrar al París del siglo XIX; un objetivo poco menos que imposible de alcanzar si se tienen en cuenta las despiadadas burlas de que fue objeto por los críticos de la época. Sin embargo, apreciado por los artistas de entonces, Paul Cézanne (Aix-en-Provence 1839- 1906) es venerado hoy como un ícono de la pintura clásica y padre del arte moderno del siglo XX.

En el 175º aniversario de su nacimiento, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid le dedica una singular exposición (del 4 de febrero al 18 mayo), la primera que se realiza en tres décadas en esta capital desde la muestra antológica que tuvo lugar en 1984 en el entonces Museo Español de Arte Contemporáneo (antecesor del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía).

Sus contemporáneos

“Cézanne Site / Non-site”, título de la exhibición, reúne en cinco secciones 58 pinturas del artista (49 óleos y nueve acuarelas) cedidas por museos y colecciones privadas de todo el mundo junto a otras nueve obras de contemporáneos suyos, como Camille Pissarro (su “maestro”), Émile Bernard, Georges Braque, André Derain, Raoul Dufy, Paul Gauguin y André Lhote.

El único retrato exhibido aquí es el “Retrato de un campesino”, de la colección Thyssen-Bornemisza, uno de los últimos lienzos en el que trabajó antes de su muerte. El rostro del viejo campesino quedó sin pintar, como un hueco enigmático. Cézanne posaba a veces él mismo cuando le faltaba uno de sus modelos y cabe preguntarse si en realidad no estamos aquí ante un autorretrato indirecto del pintor.

Entre las entidades que han cedido sus pinturas para la exposición figuran el Museum of Modern Art de Nueva York, la Kunsthaus de Zúrich, los Museos Estatales de Berlín, el Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin de Moscú, el Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio, la Art Gallery of New South Wales de Sydney, el Museum Ludwig y el Wallraf-Richartz-Museum & Fondation Corboud de Colonia, así como el Musée d’art moderne André Malraux de El Havre y el Musée Cantini de Marsella.

La naturaleza

Entrar al universo sensual de Cézanne nos permite apreciar cómo la luz y el paisaje de la Provence marcaron su trabajo, cómo los colores del mar, la vegetación y las piedras influyeron en el vocabulario de un pintor que, proveniente de la tradición decimonónica, iba a evolucionar hasta convertirse en el precursor de las modernas corrientes del arte moderno del siglo XX.

El nombre de la exposición “Site/Non-site” toma un concepto desarrollado por el artista contemporáneo estadounidense Robert Smithson (1938-1973) del movimiento “Land Art” haciendo referencia a la necesidad de ir del taller a la naturaleza para captar toda su fuerza y llevarla al lienzo o a otro soporte artístico. Es en este aspecto reflexivo en el que se centra el homenaje de Madrid a Cézanne.

Al aire libre

“La naturaleza habla a todos. Pues bien, nunca se ha pintado el paisaje”, decía Cézanne, según el escritor y crítico provenzal Joachim Gasquet (1873-1921), citado por el comisario de la muestra, Guillermo Solana, en el catálogo del Museo Thyssen-Bornemisza.

“Tengo un gran taller en medio del paisaje. Aquí trabajo, aquí me siento mejor que en la ciudad”, añadía el maestro de Aix en 1903 al describir su aproximación a la naturaleza. Fue en la Provence donde Cézanne renovó su pintura y donde reformó la pintura en general. Tal vez no haya ninguna pintura tan universal y al mismo tan enraízada en un lugar como la de este genio y héroe del “midi” francés.

Su camino

Dificil fue el camino de este creador que debió imponerse contrariando la voluntad de su padre, un acaudalado banquero. Educado severamente al estilo clásico en el liceo local, disfrutaba de las andanzas con su condiscípulo e íntimo amigo Emile Zola explorando las colinas de los alrededores. Odiaba las carreteras modernas; prefería los caminos que se adaptan al paisaje, con sus cambios de punto de vista, con su expectación y sus sorpresas.

Esas excursiones marcaron a Cézanne, quien tras una vida cuasi nómade entre Aix y París, luchando sin éxito para alcanzar reconocimiento en la capital, retornaría a sus raíces en el terruño natal hasta encontrar finalmente el inconfundible estilo que lo haría célebre. “He hecho algunos progresos. “¿Por qué tan tarde y tan penosamente?”, se preguntaba.

El estudio

Su taller de Les Lauves, donde ejecutó gran parte de su último período creativo, nos permite una visión y conclusión de su obra. Allí, en medio de caballetes y mandiles, se puede captar la atmósfera en medio de la que Cézanne pintaba sus “Bañistas”, así como una y otra vez las vibrantes vistas de la montaña Sainte-Victoire bajo los infinitos reflejos del sol. Utilizaba para ello la técnica de la transición del color, pasando, por ejemplo del verde oscuro al verde claro y de éste al amarillo.

Muerte

Incluso en la cantera de Bibémus, donde Cézanne buscaba incansablemente motivos, se puede observar cómo el artista ordenaba en sus lienzos aquel caótico entorno registrando e interpretando su perspectiva.

Así como Cézanne convierte sus naturalezas muertas en paisajes, sus paisajes sin figuras y sin movimiento se transforman fácilmente en naturalezas muertas. Si en los bodegones de Cézanne la mesa quedaba enmascarada por las telas que simulaban un paisaje, en sus paisajes el pintor impone una estructura parecida a la superficie de una mesa: un primer plano vertical, un plano horizontal y otro plano vertical de fondo.

Esta configuración en escalera, que empuja nuestra mirada hacia arriba y hacia el fondo, se desarrolla desde los paisajes de l’Estaque hasta las vistas de Gardanne. Esto tendrá una influencia decisiva en los primeros pasos del cubismo, representado en la exposición por algunas obras de Braque, Derain, Dufy y Lhote.

El 15 de octubre de 1906 Cézanne fue sorprendido por una tormenta mientras pintaba al aire libre. A punto de perder el conocimiento regresa a casa para continuar su trabajo a la mañana siguiente. Días más tarde volvería a su domicilio ya enfermo de muerte; se recostaría para no volver a levantarse más. Cézanne falleció el 23 de octubre de 1906.

Página de internet: www.museothyssen.org

colaboradores  Museo Thyssen Bornemisza Paul Cézanne

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