Anna Pavlova fue un gran bailarina del siglo XX.
En 1913 abandonó el Teatro Marinski Imperial de Petersburgo en pro de la libertad artística.
Después del éxito brillante en París escenario suyo fue todo el mundo. Luego de crear en Londres una compañía propia de ballet ruso recorrió con ella 44 países. Aquel fue servicio abnegado al arte entrañable que ella quiso popularizar por doquier y hacerla accesible para todos. De ahí que sus itinerarios se extendían por los lugares más apartados del planeta, incluidos aquellos donde nunca habían visto el ballet.
Por Leonard Kósichev – La Voz de Rusia






