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Orfeo y Eurídice, de Gluck, con coreografía de Pina Bausch

11 julio, 2014
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El Teatro Real estrena la mágica producción de Orfeo y Eurídice, de Gluck,  con coreografía de Pina Bausch.

Orfeo y  Eurídice

  • Christoph W. Gluck (1714-1787)
  • Danza-ópera en cuatro cuadros de Pina Bausch
  • Basada en la ópera de 1774 en tres actos, en versión francesa, traducida al alemán
  • Libreto de Pierre-Louis Moline, basado en el original italiano de Ranieri de’ Calzabigi
  • Estrenada el 23 de junio de 1975 por el Tanztheater Wuppertal, con el Wuppertal Theater.
  • Incorporada al repertorio del Ballet de l’Opéra de Paris el 30 de mayo de 2005
  • Ballet de l’Opéra national de Paris
  • Directora de la Danza Brigitte Lefèvre
  • Nueva producción en el Teatro Real, procedente de la Opéra national de Paris

 EQUIPO ARTÍSTICO

  • Coreografía y puesta en escena Pina Bausch
  • Escenografía, figurines e iluminación Rolf Borzik
  • Realizadora del vestuario Marion Cito
  • Realizador de la iluminación Madjid Hakimi

PRESENTACIÓN

Orfeo, hijo de la musa Calíope y del rey de Tracia, Oiagros, fue uno de los pocos mortales que se equiparaba a los dioses por su música y canto. Nada se resistía a sus melodías. Los ríos cambiaban su curso, los animales salvajes se tendían a sus pies, las personas detenían sus peleas. Orfeo era un mensajero de la paz, pues su poder radicaba en el arte y no en la fuerza física. Su don podía modificar el mundo, pero tenía límites: el joven héroe no pudo rescatar a su amada esposa Eurídice del mundo de las tinieblas. Poco después de su boda, la ninfa había muerto a causa de la mordedura de una serpiente. Orfeo, transido de dolor, se atrevió a intentar lo que ningún mortal había osado antes: arrancar a Eurídice del reino de los muertos. Su canto conmovió tanto a los habitantes del infierno y a su dios Hades, que éste accedió a restituirle su amada a Orfeo, pero sólo bajo la condición de que no se volviera a mirarla antes de haber llegado a la luz del día. Pero cuando Orfeo casi había conseguido su meta, sucumbió a la tentación y la vio desaparecer para siempre entre las sombras. Condenado a errar desolado, se retiró de la compañía de los hombres y murió despedazado por las Ménades.

Desde las primeras narraciones griegas y romanas, el mito de Orfeo no ha dejado de inspirar a los artistas. En el siglo XVIII, Gluck imaginó un final feliz para la versión francesa de su ópera, confiando al personaje de Amor la misión de reunir a Orfeo y Eurídice. El compositor se sentía tan conmovido por el inmenso sufrimiento de los esposos, que vio en el grito el único modo posible de traducir la profundidad de su desesperación. Por este motivo, exigía de los intérpretes, en los momentos más intensos del drama, que profirieran con la voz desnuda un grito de dolor casi físico, algo nada habitual en aquel tiempo. Así, la dimensión corporal estuvo presente desde los orígenes en este Orfeo. Se correspondía, de este modo, a la concepción de varios maestros de ballet de la época que, en la onda de la Ilustración, promovían una liberación de la expresión en la danza y hallaron en las óperas de Gluck un espacio abierto a sus deseos.

Cuando, en 1975, Pina Bausch transformó esta ópera en un ballet, se mantuvo muy fiel a las intenciones del compositor y profundizó su búsqueda de la encarnación del arte. Como Gluck a través de la voz, Pina muestra a través de la danza las fuerzas elementales del corazón en el ser humano. Ella acentúa la intensidad con la que los amantes se encuentran y para ello inventa papeles bicéfalos: Orfeo, Eurídice y Amor se desdoblan en intérpretes cantantes y danzantes. A la voz se le confía la narración poética del mito y al cuerpo el desarrollo de la profundidad dramática. Más próxima a la tragedia del teatro antiguo que a las convenciones del siglo XVIII, la coreógrafa evita el final feliz y cierra la ópera con la segunda muerte de Eurídice y la desesperación de Orfeo.

Laure Guilbert
Opéra national de Paris

selecciones  Orfeo y Eurídice, de Gluck,  con coreografía de Pina Bausch
“Orphée et Eurydice”, Marie-Agnès Gillot. Agathe Poupeney / Opéra national de Paris

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