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The Dream de Ashton y Firebird de Ratmansky, por el ABT

25 junio, 2012
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BOSQUES ENCANTADOS DONDE MERODEAN HADAS Y HECHICEROS.

                                      
En una noche de un calor asfixiantes, la fuente de la hermosa plaza del Lincoln Center de Nueva York, lanzaba altos chorros de agua, tratando de refrescar el ambiente, para beneficio de los que la rodeaban. No obstante, una vez se ganaba acceso al elegante Met, donde continuaba la temporada del American Ballet Theatre (ABT), la temperatura cambiaba y el entorno era mucho más aceptable.

El programa de la noche daba comienzo con “The Dream”, original de Frederick Ashton, adorado coreógrafo inglés que ocupa un lugar relevante entre los mejores del siglo XX. Como historia de esta obra deliciosa, Ashton tomó el “Sueño de una Noche de Verano” de Shakespeare, un cuento de hadas que sucede en una foresta, donde aparecen dos parejas que se pelean, y abundan otros seres imaginarios como el rey de la foresta, Oberon y su amada Titania, además de un diablillo encantador que lleva el nombre de Puck. La subyugante música de Félix Mendelssohn, que dio la pauta a la coreografía, incluye además un juvenil coro que la hace aún más atractiva.

Las criaturas del bosque en cuestión, resultan invisibles para los humanos que se aventuran a entrar allí. Las dos parejas mencionadas, Helena y Demetrio, a cargo de Stella Abrera y Jared Matthews, y Hermia y Lisandro, por Maria Riccetto y Sasha Radetsky, son víctimas de las travesuras de Puck, que causan peleas entre el cuarteto. No obstante, todo se resuelve favorablemente al final. Si los bailarines del ABT gozan de bien ganada fama por su magnífica escuela, no es menos cierto que igualmente pueden alardear de ser muy buenos actores. Esa noche probaron repetidamente que dominan ambas categorías.
 

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The Dream  © Gene Schiavone, cortesía del ABT

El rol de Puck, sin ser el más importante de la historia, cuando Herman Cornejo lo asume, acapara toda la atención y se lleva la obra a casa en un bolsillo. Sus saltos, como he escrito en muchas ocasiones, son extraordinarios por parecer que vuela sin esfuerzo, y cuando regresa a las tablas, lo hace silenciosamente. ¿Y qué decir de sus múltiples giros?. Estos terminan lentamente, sin salirse de la música, aunque le queda velocidad para continuarlos.

Como Oberon, Cory Stearns estuvo elegante y autoritario. Su merecido ascenso a bailarín principal hace algún tiempo, ha permitido ver sus progresos en cada temporada, descifrando con gran acierto los mejores papeles del repertorio que le son asignados. Stearns además posee una buena estatura, que lo convierte en un partenaire prestigioso. Xiomara Reyes, como la dulce Reina de las hadas, es siempre delicada y precisa. Su entrega total a Oberon, en el Pas de Deux final, fue una tierna lección en inocente sensualidad.

La coreografía de Ashton en este ballet, es un derroche de pasos cortos y sutiles que son su tarjeta de presentación. Las encantadoras hadas que llevan como principales a Sarah Lane, Luciana Paris y Yuriko Kajiya, bordan esas filigranas con limpidez y seguridad. Como el simpático Bottom, Alexei Agoudine, el labriego víctima también de las travesuras de Puck, hizo su parte con agradable picardía.

La orquesta que sonó magníficamente bajo la experta dirección de Ormsby Wilkins, tuvo el respaldo del People´s Chorus of New York City, que dirige Francisco J. Núñez.

Después del único intermedio de la noche, subió a escena otra aventura de hadas y un mago diabólico. “L´Oiseau de Feu” (“Firebird” o “El Pájaro de Fuego”) estrenado por los Ballets Russes de Diaguileff en París, en junio de 1910, fue compuesto por el coreógrafo Michel Fokine, en total concordancia con el compositor Igor Stravinsky. Balanchine, quien también estrenó en 1949 su propia coreografía sobre la misma historia, ha expresado que “….(esta obra) marca el inicio de Stravinsky en el mundo de la música para ballets”.

Este nuevo “Firebird”, es la última creación coreográfica de Alexei Ratmansky, artista-en-residencia del ABT, para la compañía. En ella utiliza la misma historia original (con algunas variantes) y la música que Stravinsky creara específicamente para la primera versiónde la obra. Los diseños del vestuario son en esta ocasión originales de Galina Soloveyva, y la decoración se debe a Simon Pastukh.

Los cuatro personajes centrales muestran algunos cambios de los originales en el programa: Marcelo Gomes como Ivan, se le suprimió el rango de Príncipe o Tzarevich. El fascinante pájaro de color rojizo que esta vez no viste tutú, es Nataia Osipova, quien luce maillot y alas del mismo color rojo fuego, y un llamativo adorno de cabeza del mismo color. David Hallberg, el maligno brujo Kaschei, domina el bosque en donde Ivan busca a su amada Doncella, Simon Messmer, quien ahora también ha perdido el título anterior de Tzarevna. El coro de doncellas que la rodean, son víctimas también del poder de Kaschei; no obstante, en su embrujamiento, le profesan gran amor. Messner, solista de la compañía, con cada actuación en esta temporada, ha demostrado que merece ser ascendida a bailarina principal.

Cuando la obra comienza. Gomes, con traje de pantalones y camisa blanca, aparece frente a la entrada de un bosque misterioso, donde cree su amada Doncella está perdida. Allí hace unos cuantos bailes en solitario, pero pronto decide continuar en su búsqueda y antes de entrar al bosque, se persigna. Una vez dentro, se descorren varios telones que dejan ver árboles enormes, coronados por ramas que terminan en flores rojas, y son iluminadas gradualmente por Brad Fields, director de la luminotécnica. No faltan nubes de humo que surgen por todas partes de la escena, de manera constante e inesperada.

Ivan encuentra allí al Pájaro, que no quiere dejarse cazar, pero Ivan lo domina, y el ave, para obtener su libertad, regala una de sus plumas al captor, que por sus poderes mágicos, lo ayudarán en cualquier peligro que encuentre en el bosque.

Indiscutiblemente, Osipova es una magnífica bailarina de bravura; sin embargo, su técnica está mejor empleada en variaciones de gran despliegue de virtuosismo; por otra parte, para este rol no posee el tamaño (es de corta estatura) ni grandeza en su estilo, como mostraba Margot Fonteyn, cuando la obra fue incluida en el repertorio del Royal Ballet de Londres, con la coreografía original de Fokine, vistiendo un brillante tutú en rojo, con bellas plumas en la cabeza. Fonteyn creó una imagen indeleble que aún vive en los recuerdos. Este nuevo vestuario de mallas ceñidas para las aves de fuego (ocho parejas que rodean a la solista), no es atractivo, como tampoco resulta ser la coreografía, que si bien no le falta movimiento, carece de estructura.

Hallberg, como el mago Kaschei, luce una capa negra con adornos verdes, peluca verde y guantes del mismo color. Sus variaciones sirven para amedrentar a las doncellas, a quienes además, besa constantemente. Su mejor trabajo es correr de un lado a otro del escenario, terminando sus carreras con algunos grand jetés. Los trajes de las doncellas, ataviadas con corpiños y vaporosas faldas hasta las rodillas en color verde, además de graciosos velos cortos que llevan en la cabeza, resultan lo mejor del vestuario. Las agradables danzas de ese grupo de damiselas son graciosas, movidas, y agradables de observar.

Cuando Ivan encuentra a las doncellas, Kaschei lo persigue, hasta que el joven, blandiendo la pluma que le dio el Pájaro, consigue que éste se presente. El Pájaro le muestra donde se esconde el huevo que encierra el alma de Kaschei e Ivan lo toma, lo tira al suelo, donde se parte en varios pedazos. Así termina el poder de Kaschei, que prontamente desaparece de la escena. Lo que continúa es bastante disparatado: Ivan desviste a su Doncella de la ropa verde que llevaba, para aparecer en túnica blanca larga, y cabello rubio… Las otras doncellas que también han desechado los vestidos, ahora lucen trajes y cabellos similares a la Doncella principal. Pronto pasan a abrir los troncos de los árboles como si estos tuvieran puertas. De ellos surgen infinidad de jóvenes vestidos de blanco, que recobran su libertad, uniéndose a sus salvadoras (posiblemente eran sus novias perdidas). Después, el grupo completo interpreta una alegre danza con la que termina la obra. Un final muy poco impresionante.

La difícil partitura de Stravinsky, no obstante, tuvo una magnífica interpretación por la orquesta, dirigida por Charles Barker con su acostumrada experiencia.
 

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The Maidens, free at last  © Gene Schiavone, cortesía del ABT

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Marcelo Gomes as Ivan and Natalia Osipova as the Firebird © Gene Schiavone, cortesía del ABT

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Osipova with part of the Firebird ensemble © Gene Schiavone, cortesía del ABT

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David Hallberg as the monster Kaschei with the Maidens under his spell © Gene Schiavone, ABT

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