Gracias a su correspondencia de juventud y a su diario íntimo, a los testimonios de sus amigos y a las notas de su editor, conocemos con bastante fidelidad la vida triste, nerviosa y atormentada, agitada e insatisfecha, de Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que pasó a ser en 1812 Ernst Theodor Amadeus Hoffmann por amor a Mozart.
Por Agathe Mélinand





