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Danza Ballet

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Bailarines de ballet buscan forjar su marca



7 Diciembre, 2013
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Son el nuevo grupo del “jeté”, una referencia al paso de danza en el que el bailarín salta hacia el frente colocando las piernas en 90 grados.

Una ola de estrellas internacionales del ballet están saltando cada vez más de una compañía a otra, creando sus propias marcas y pareciéndose más a los directores y las estrellas de la ópera que viajan por el mundo. Al hacerlo, están alterando el camino profesional tradicional del ballet y cambiando una forma de arte que por largo tiempo ha sido definida por los estilos nacionales que los bailarines perfeccionaban al crecer con – y permanecer leales a – una sola compañía.

“Las personas talentosas no pertenecen a una compañía, sino al mundo de la danza”, dijo la bailarina rusa Natalia Osipova en una reciente entrevista vía Skype. “En la ópera, esto ya sucede. Se tiene un coro, pero los intérpretes principales son de todo el mundo”.

Osipova, de 27 años de edad, es un ejemplo destacado. En noviembre, interpretó su primera Julieta como miembro del Royal Ballet de Gran Bretaña, la cuarta compañía de danza a la que se ha unido en dos años. Su virtuosismo y carisma que atraen a las multitudes la han llevado del Bolshoi Ballet en Moscú al Mikhailovsky Ballet en San Petersburgo, Rusia, y al Royal Ballet, incluso mientras pertenecía al American Ballet Theater de la Ciudad de Nueva York y bailó como invitada con compañías que van de La Scala en Milán al Australian Ballet.

El ballet siempre ha tenido un puñado de estrellas importantes, como Rudolf Nureyev, Mijail Baryshnikov y Sylvie Guillem, cuya fama y atractivo en taquillas les permitió mantener carreras internacionales. Pero la práctica ha aumentado en los últimos años, y algunos de los nombres más famosos en el mundo del ballet – Osipova, David Hallberg, Sergei Polunin, Iván Vasiliev, Alina Cojocaru – ahora no sólo cambian de una compañía a otra, sino a menudo pertenecen a más de una compañía a la vez.

Esto ya está afectando a las estructuras tradicionales de las compañías de ballet a medida que bailarines menos famosos imitan estos ejemplos, dejando las compañías como el Royal Ballet o el Paris Opera Ballet, que alguna vez habrían sido consideradas casas permanentes, y ya no confían toda su carrera a los todopoderosos directores de las compañías.

También significa que los públicos tienen la oportunidad de ver a más estrellas internacionales, y que los bailarines ven más recompensas financieras.

Esas compañías insignia son las incubadoras de los estilos nacionales que han perfeccionado a lo largo de generaciones a través de métodos de entrenamiento y la influencia de coreógrafos de producción local. El Royal Ballet es conocido por su clasicismo puro y actuación fuerte, el Paris Opera por su lirismo elegante, el Bolshoi Ballet por su audacia a gran escala. Pero a medida que los bailarines estrella ahora entran y salen de estas compañías, y los bailarines parten a edades más tempranas, la pureza y continuidad de estos estilos se está volviendo más difícil de mantener, provocando el temor de que se genere una homogeneidad.

Como dijo Johan Kobborg, un ex director del Royal Ballet, las compañías importantes “se han vuelto lentamente más o menos lo mismo respecto al trabajo, al estilo”.

“Se tiene este puñado de coreógrafos que quizá pertenezcan a una compañía pero trabajan en todas partes”, añadió. “Ahora es mucho más fácil que los bailarines encajen”.

Benjamín Millepied, que se convertirá en director del Paris Opera Ballet en septiembre próximo, dijo que aun cuando se sentía feliz de que sus bailarines forjen su propia marca, la internacionalización del repertorio y las estrellas pudieran diluir el impacto del ballet. Algunas estrellas han pedido unirse al Paris Opera, señaló.

“Pero no quiero hacer eso”, dijo. “Luego eres como una compañía de ópera: Se compra a los bailarines, se compran las producciones. Eso es muy duro para tus propios bailarines, quienes han trabajado tan duro. Una compañía de ballet tiene que ser un equipo, partir de una visión, o no tiene integridad”.

Kevin McKenzie, el director artístico del American Ballet Theater, dijo que los cambios en el mundo de la danza reflejan “el tipo de globalización que está dándose en toda la sociedad”. En una entrevista vía telefónica, señaló que las personas de todas las profesiones tienen menos probabilidad de quedarse en un solo lugar, o incluso en una carrera.

En entrevistas, bailarines dijeron que se cambiaban para experimentar diferentes estilos, intentar nuevas coreografías o forjarse fama internacional. “Vemos más opciones”, dijo Cojocaru, quien recientemente llegó del Royal Ballet al English National Ballet, y también tiene un contrato con el Hamburg Ballet. “En vez de esperar a que algo suceda en el lugar donde estoy, puedo ir a donde está sucediendo. Si las compañías no encuentran una manera de desafiar a sus intérpretes principales, encontraremos esos desafíos por nosotros mismos”.

Pero, como reconoció Cojocaru en una entrevista telefónica, también hay apremiantes razones financieras para estas decisiones profesionales. Las carreras en el ballet son relativamente cortas y requieren años de entrenamiento que representan el riesgo de lesiones, sin embargo, los principales bailarines del mundo ganan mucho menos dinero que sus contrapartes en otros campos de la industria del espectáculo. Pertenecer a dos compañías o hacer numerosas apariciones como invitados incrementa sus ingresos.

Kobborg dijo: “Si se puede estar bailando las mismas obras por el doble de la cantidad, eso va a influir en ti”.

Los bailarines hoy comprenden mejor cómo benefician a una compañía en términos de prensa y perfil, y eso, dijo Kobborg, “tiene un precio”.

Las grandes compañías estadounidenses no tienen temporadas todo el año y no pagan salarios anuales. Sus principales bailarines ganan bien, pero de ninguna manera cantidades astronómicas: En su declaración de impuestos de 2011, el Ballet Theater enlistó a tres bailarines que ganaron más de 190 mil dólares cada uno en compensación total.

McKenzie dijo que a todos los bailarines se les paga por semana, no por actuación, y que la compañía no pagaba a sus estrellas internacionales – que incluyen a Osipova y Polina Semionova, que es bailarina principal del Ballet Theater y el Berlin Ballet – más que sus bailarines principales mejor pagados. “No lo hago, y no lo haré”, dijo. “Esa es simplemente una política”.

En el Paris Opera, una étoile, la categoría máxima, gana, en promedio, unos 125 mil dólares al año. Ese salario no es particularmente alto comparado con los de los actores o los cantantes de ópera. (El Metropolitan Opera paga unos honorarios máximos de 17 mil dólares por actuación; las casas de ópera europeas pueden pagar incluso más.)

“¿A los bailarines se les pagará como cantantes de ópera? ¿De qué está hablando?”, dijo Sergei Danilian, un agente de ballet en Nueva York, y añadió que los honorarios relativamente pequeños contribuyen a una renuencia general entre la gente en el mundo de la danza a hablar sobre dinero.

Sin embargo, los bailarines de nivel máximo, gracias a las redes sociales y los contratos de publicidad, son cada vez más capaces de capitalizar sus propias marcas.

Semionova apareció recientemente en carteles espectaculares al lado de la estrella del tenis Novak Djokovic en un anuncio de Uniqlo; Millepied ha aparecido en anuncios de Dior y Saint Laurent; Yuan Yuan Tan, bailarina principal del San Francisco Ballet, es una embajadora de marca para Van Cleef & Arpels y Rolex.

“¿Por qué una bailarina no puede ser una figura pública como un jugador de tenis?”, preguntó Sara Mearns, una bailarina principal del New York City Ballet; una compañía hermética que aún cultiva su propio talento, en vez de depender de artistas invitados externos. Pero algunos bailarines del City Ballet también están adoptando papeles de más alto perfil fuera de la compañía. Mearns, que hasta recientemente tenía un blog desde detrás de bastidores para The Huffington Post, está activa en la redes sociales y tiene un publicista.

El viajar por el mundo no es fácil para los bailarines. Necesitan entrenar todos los días para mantener su técnica y a menudo prefieren trabajar con un solo entrenador por periodos largos para un papel. Hallberg, que se unió al Bolshoi como bailarín principal en 2011 mientras conservaba el mismo estatus en el Ballet Theater, dijo que su primer año fue muy difícil.

“Mi tiempo se dispersaba, dos semanas aquí, tres semanas allá”, dijo. “Mis actuaciones y mi salud se resintieron. Mi salud mental se resintió”. Añadió: “Aprendí de la manera difícil. Realmente se tiene que ser muy crítico sobre lo que se puede hacer y lo que no porque uno no es invencible”.

Osipova dijo que “por ahora” está empeñada en ser una integrante de tiempo completo del Royal Ballet. Pero dijo que la libertad de una carrera itinerante supera las desventajas. Vasiliev, su pareja dentro y fuera del escenario, añadió: “No extraño la seguridad de una compañía”. New York Times News Service

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Natalia Osipova, de 27 años, ha estado en cuatro compañías en dos años. / Bloomberg

 

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